domingo, 17 de julio de 2016

PENSAMIENTOS A RAÍZ DE MIS ESTUDIOS DE SUMER (I)

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IMPRESIONES PRIMERAS: ¿NARRACIONES MITOLÓGICAS EN LA BIBLIA, LA BIBLIA VISTA COMO UN MITO O EL MANEJO DEL MITO DE LA BIBLIA?

Desde hace muchos años el mundo antiguo ejerce una tremenda atracción intelectual sobre mí, sin dejar de ser un mero aficionado. Tiene de por sí un tremendo atractivo, al que se añade, obviamente, mi amor a la Biblia, cuyos escenarios se ubican primordialmente en el Próximo Oriente. Así que, en determinado momento de mi vida resolví comenzar a sistematizar mis estudios sobre el tema, enmarcados en mi tiempo libre, y empecé por donde suelo hacerlo: por el principio. Y el principio cronológico del estudio de los pueblos y civilizaciones es, por supuesto, Mesopotamia, en concreto, Sumeria. Desde entonces, me voy haciendo cada cierto tiempo con bibliografía del tema (como si pudiese acabar con él en algún momento y pasar a profundizar en el pueblo acadio). Ya he leído algo y me traigo entre manos desde hace tiempo el estudio de la gramática sumeria, más como pasatiempo intelectual que de forma contundente, al menos hasta ahora.
     En general, suelen satisfacerme bastante estos monográficos lingüísticos, históricos, arqueológicos, artísticos y antropológicos. Al estar desarrollados por expertos y profesores universitarios para un público amplio, suelen mantener un orden didáctico, cronológico y un tono neutro, científico o de rigor histórico. Aunque a veces se escapa alguna que otra impresión o conclusión bastante personal, es imposible soslayar la subjetividad. Sucede en las Ciencias Naturales, ¿cómo no en este ámbito?

13987299876 10b0fc4df4     Al ser un mundo por descubrir, y esto es parte de lo emocionante, muchos desean "descubrir" aquí una alternativa a lo que para ellos es una cultura, pensamiento y moralidad impuestas, casi de forma dictatorial. Y ahí meten a Dios, como si fuera un constructo fabricado para amargarnos la existencia, no el Dios bíblico, por más que algunos lo llamen así. A veces he creído ver una terrible falta de interés por acercarse a la Biblia como texto que puede leerse libremente (y que tan relacionado está con el tema del Medio Oriente), siquiera como joya arqueológica; he creído intuir que ni siquiera la han leído, y se detecta cierto poso de hastío, de desprecio, por una supuesta mentalidad opresiva estereotipada. Algo así como lo que ha impulsado a la mitificación de la cultura del Extremo Oriente (budismo zen filtrado), que parece llevarnos a una "espiritualidad" más auténtica y nos despoja de un lastre también muy exagerado. Se combate una mentalidad prejuiciosa con otra mentalidad prejuiciosa, por así decir. Aparte de esto, en ocasiones encontramos en determinadas lecciones bastante dinámica de presentismo ('estudiar el pasado en atención al presente'), en lugar de historicismo ('intentar comprender el pasado por sí mismo'). Stocking previene seriamente acerca del presentismo: Inevitablemente aparecen los pecados contra la historia escrita "cara al presente": anacronismo, distorsión, falsa interpretación, analogías engañosas, pérdida del contexto, simplificación del proceso [Stoking: 1965, p. 215, apud Belloch/Sandín/Ramos: 2008, p. 4].
3332082151 b5945f9824     La Biblia no es un libro dogmático: es más complejo, más rico, más humano que místico, por así decir, no es simplemente una lista de prohibiciones y sanciones, como algunos la han reducido y como otros nos la quieren hacer ver. Encierra historias de diversas épocas, biografías, leyes, poesía, sabiduría en aforismos y reflexiones, ... Y los que transitamos por ella vislumbramos la cultura de la media luna fértil, especialmente en el Génesis. Sin embargo, parece existir toda una corriente erudita con evidentes ganas de "tirar contra ella" sin leerla con los propios ojos, sino más bien con las gafas que la ofrecerá en una distorsionada imagen tipo predicador de patatas McCain, si recuerdan el anuncio, sancionador y condenatorio (no perdonador, ni reconfortador, ni sanador), el "mito" negativo de una Biblia a la que han oído mencionar, pero que no han leído y descubierto como leen y descubren tablillas y documentos de piedra y papiro. Y asimismo es muy llamativo cómo estudiosos españoles recogen de sus colegas anglosajones, de distinta cultura, ese hartazgo, y por eso, al referirse al cristianismo, condenan aún más al protestantismo, como si a ellos le afectase ese ambiente cultural que les es bastante ajeno.
     Hace bastante tiempo escuché en las aulas de Filología Hispánica al profesor Piñero, en una de sus estupendas clases de Prosa Renacentista, comentar que el mito del Diluvio se encontraba en otras muchas culturas, no solo en la Biblia. Curiosamente, para él era una prueba clara de que la Biblia no era tan creíble como texto espiritual, de creencia, la menoscababa en ese aspecto, pues un acontecimiento que conocíamos de siempre por la Biblia, ahora resulta que muchas otras culturas también dan cuenta de él. A mí me chocó y me sigue chocando esa forma de razonar. No el hecho de pensarlo, sino de verlo como una prueba contundente contra la fiabilidad del texto sagrado. Pues precisamente el hecho de que el diluvio, el arca de Noé, etc. aparezcan en otros textos, en otras culturas, es el que toman los defensores bíblicos en su favor. Por ejemplo Dick Eastman en La Universidad de la Palabra. Basándose en dos principios de la etnología, el hecho de que, por ejemplo, el 100% de 33 razas distantes en el espacio den cuenta de un diluvio total o parcial, demuestra que algo debió ocurrir y que, por lo tanto, el hecho de la existencia de un diluvio tal y como lo narra la Biblia no es, precisamente, un invento. Es decir, la Biblia no está contando una patraña inventada, un cuento de niños; todas las demás culturas, no de alrededor, sino del mundo entero, dan cuenta de este acontecimiento. La Biblia, pues, no se lo saca de la manga, es obvio que está dando información de un acontecimiento real que cuenta con otros muchos testimonios. Si el diluvio fue un diluvio como tal, un recuerdo del deshielo tras la glaciación del planeta o hace referencia a una invasión, eso es otra cuestión. Lo que sucede es que si vemos la Biblia como un libro dogmático, el hecho de encontrar el relato del Diluvio en textos más antiguos, con protagonistas de otros  nombres y dioses de otras religiones de nombres también distintos, esto hace gozarse a los eruditos de los que hablamos, como diciendo (y dicen): "La Biblia no ha hecho más que copiarse de estas tradiciones que estaban en otras culturas previamente", como por ejemplo los mismos sumerios. Este es el motivo de alegría para ellos. También es motivo de alegría, como decimos, para los que leemos la Biblia sin creerla un mero dogma: por supuesto, si ocurrió un Diluvio así, ¡claro que debe aparecer en otros textos! Y más antiguos, obviamente: los hebreos no inventaron la escritura ni fueron los primeros que la usaron. Pero algo, un diluvio catastrófico ocurrió, y bastante antes, según todos los textos, de la invención de la escritura; es lógico que los primeros que escriban lo relaten según sus tradiciones orales, con sus dioses y según sus matices geográficos, culturales y étnicos. Es decir, hay muchas maneras de explicar la existencia de variantes del relato de un acontecimiento, siendo la copia de unos pueblos sobre la tradición de un primero no más que una de ellas. También hay otras plausibles. ¿Por qué no se contemplan?

12013863663 8989445d41      En definitiva, un mismo argumento es evidencia a unos y a los contrarios de sus respectivas posturas. Por mi parte, veo lógico que los cristianos y judíos creyentes del Libro deseen acreditarlo. Creen en él. Vería mal que forzasen los razonamientos, falseasen las pruebas, sacasen conclusiones con calzador para afirmar sus presupuestos. Pero no que, ante una evidencia, vean clara y reafirmada su postura. En el caso de uno que se supone que se sitúa en la neutralidad científica, sí lo veo mal, tanto para un lado como para otro. En una posición de observar los hechos y, a posteriori, extraer conclusiones objetivas, no cabe la intención previa de exaltar la Biblia a cualquier precio pero tampoco de tirar contra ella porque sí, porque para ellos esta represente lo que quiera que represente. Ese mito que creen que es este texto. Eso es una postura ideológica, y punto. Así tal cual.
      La lectura de la estupenda versión de Gilgamesh de Stephen Mitchell, especialmente, claro, en su Introducción, transmite esa impresión de que el descubrimiento de la cultura más antigua, velada para Occidente hasta fechas realmente recientes, nos está trayendo una mejor visión del mundo y de la relación del ser humano con sus semejantes y con la naturaleza. Seguramente, imagino, porque resulta fascinante realizar estos descubrimientos, y esa fascinación empieza a ocupar otros espacios más personales que el interés intelectual. De modo que es como si todos estuviésemos atenazados por una opresiva cosmovisión y el descubrimiento de costumbres, ritos y modus vivendi de otras culturas en épocas remotas nos viniese a liberar de todo ello. Desde mi punto de vista, habría que dejar posar dichos descubrimientos y asimilarlos un poco antes emitir juicios de este tipo, que ponderan un mundo antiguo y deprecia a la Biblia, de una forma injusta en ambos casos. Como si el hecho de que estas culturas del Medio Oriente se desarrollasen antes de Moisés supusiera un éxito en ideas agnósticas sobre la creencia en Dios, cuando la misma Biblia en ningún caso niega, por ejemplo, que Abraham, padre del pueblo hebreo, saliera de Ur de los caldeos, y un breve repaso por las páginas bíblicas que dan cuenta de épocas premosaicas no niegan ni contradicen el contexto oriental en el que la historia del pueblo hebreo se desarrolla. Más adelante veremos cómo se tergiversa o se trastoca el texto bíblico para adaptarlo a una tesis previa, un trastoque o uso probablemente no malintencionado. Pero lo preocupante en este asunto, para mí, es si esto se produce por desconocimiento del texto bíblico o de manera premeditada. Ni a mí, ni a nadie que ame la Biblia y la lea con interés, con independencia de su fe y sus creencias o descreencias, y ni mucho menos a los eruditos y estudiosos de la Biblia desde diferentes campos de especialización, nos preocupa en absoluto que existan precedentes del libro de Job en el Monólogo del justo sufriente, que determinados proverbios bíblicos provengan del acervo cultural del Medio Oriente (en el que, repetimos, el pueblo hebreo está inserto, formando parte de él), o que las leyes israelitas puedan tener como fuente, pongamos por caso, el Código de Hammurabi.  Estos datos no son, a priori, ningún descrédito al texto bíblico. Cuando Yahvé aparta al pueblo hebreo para hacerlo nación marcadamente distinta y santa que le adore como único Dios, hace, según el texto, precisamente eso, apartarlos estando ahí, para testimonio al resto de naciones. En otro artículo podremos explorar las posibles interpretaciones y significados de esto, desde diferentes puntos de vista. El caso es que la Biblia, los textos mosaicos, no niegan la realidad preexistente, como parece desprenderse de los comentarios de diversos estudiosos del Medio Oriente; esa atribución de la Biblia como negación de los diversos descubrimientos realizados parece más bien subjetiva. Cuestión aparte es el uso que se haya ido haciendo del texto a lo largo de la historia occidental. Pero bastante aparte.
       Antes al contrario, es un texto que recoge tradiciones orales y que, como sucede con otros textos de otros pueblos, en este sentido también da una interpretación de determinados acontecimientos y costumbres. No es un texto tan interesado y manipulador como algunos intentan hacer ver para resaltar sus propias convicciones sobre la vida y su sentido. De hecho, muestra en todos sus personajes debilidades y fallos que no contribuyen, precisamente, a la mitificación y ennoblecimiento de la estirpe. Y sí les otorga un corazón y un perfil bastante humanos, con sus luces y sombras. No hay más que echar un vistazo a la vida de Jacob (Israel), con sus miedos, debilidades, engaños y fraudes, pero temeroso del Dios al que honra. Y lo mismo cabe de decir de los hijos de Isaac (las futuras doce tribus). No parecen esas líneas demasiado propagandísticas, y sí muy realistas, la verdad.
     Abraham, Isaac, Jacob, sus hijos y todo el pueblo hebreo hasta Moisés no tienen ninguna Ley escrita, y los estudiosos del Medio Oriente también podrían acercarse a esos "previos" de un pueblo monoteísta en el contexto en el que se halla, y habiendo salido de la misma Ur mesopotámica. O, por lo menos, preguntarse cómo de repente surge este monoteísmo solo en el pueblo hebreo, y no en otros, igual de cultivados o incultos como ellos. Me parece una cuestión antropológica bastante interesante que no veo que se resuelva explicando a grandes rasgos que la religión humana pasa del animismo al politeísmo y de ahí al monoteísmo, dando de ejemplo un faraón rebelde, Akhenatón.
      En la misma Biblia hay muchas pistas. Aparecen sacerdotes y profetas de Yahvé que no son racialmente hebreos al paso de algunos de los patriarcas: Melquisedec, "rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo", en Gn.14:18, es el ejemplo más claro. También Balaam en Nm. 22. Entre los de Jacob, muchos llevaban idolillos consigo (Raquel le birló uno a su padre antes de irse de su casa), de modo que llegado el momento Jacob tiene que señalar a su gente que deberían deshacerse de ellos. José se casa con la hija de un sacerdote egipcio: ¿cómo sería su relación con su esposa, con su suegro?, ¿cómo serían educados Efraín y Manasés? Las primeras páginas de la Biblia no están en la dialéctica monoteísmo vs. politeísmo, ni sedentarios vs. nómadas.
     Ana Martos, en Breve historia de los Sumerios, libro divulgativo, parece ir recogiendo estos argumentos de esta parte de los investigadores, con alguna que otra metedura de pata. Por supuesto, en términos generales dará una visión muy amable de todos los sumerios y en ocasiones un tanto negativa de la Biblia. Cuando intenta explicar la historia de Caín y Abel en términos de nómadas ganaderos frente a agricultores sedentarios, siguiendo a Isaac Asimov, confunde a los personajes, y pone a Caín como el pastor incivilizado que asesina al pobre agricultor Abel. El caso es que es al revés: Dios ve con buenos ojos el sacrificio de Abel (un animal) frente a la ofrenda de Caín (frutos de la tierra). ¡El agricultor es Caín y el pastor es Abel! (Gn. 4: 2-4: "[...] Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, ..."). Y, al fin y al cabo, ¿no resulta un tanto chocante que el Dios de un pueblo nómada y ganadero, semita, maldiga a Adán teniendo que trabajar con el sudor de su frente para obtener el pan de la tierra, más que para obtener su sustento de los animales?
   Y otras conclusiones que trae (no son suyas, ella resume las de  diferentes eruditos, pues ese es el carácter de su obra), son más que discutibles, como que los cuernos del altar que se menciona en Éxodo tengan relación con los cuernos de la luna que representan a Inanna/Ishtar/Astarté, o que el pueblo hebreo practicase los sacrificios humanos hasta "refinarse" en Egipto.
     Aunque, de otra parte, cabe decir que ella sí tiene en cuenta al pueblo hebreo como integrante de este mundo antiguo, y si nosotros hemos apuntado algunos episodios bíblicos que conectan con sumerios, acadios, egipcios, etc., ella lo hace al contrario, y da noticia de los hebreos desde textos externos a la Biblia:

Y podemos encontrar numerosas referencias bíblicas en los textos sumerios; al fin y al cabo, el Génesis cuenta que Abraham salió de Ur en plena decadencia del mundo sumerio, para emigrar a las ricas tierras egipcias. Por su parte, también los documentos sumerios más antiguos mencionan a los habiru, los hebreos, nómadas que habitaban los taludes de los canales, los espacios desiertos y las tierras pantanosas todavía incultivables. Los sumerios mantuvieron con ellos relaciones cordiales pero sin llegar a mezclarse. En cuanto a los semitas habiru, recibieron gran influencia de sus vecinos de Sumer. [...]
     Abraham fue el antepasado de los israelitas o bien la primera generación que salió de Sumer camino de Canaán, donde se establecieron tras su estancia en Egipto. Llevaron consigo la cultura sumeria y trasladaron sus historias a la historia de Israel, como los mitos del paraíso, el diluvio, la arcilla de la creación, la fuente que regaba el edén y otros muchos. También el inframundo sumerio, en el que reinaba Ereshkigal, [...] [Martos: 2012; pp. 66, 67].

     O sea, lo que venía diciendo con anterioridad. Y si nos fijamos bien, otro concepto que inevitablemente estamos manejando mucho es el de interpretación. Y ese concepto nos lleva, a su vez, inevitablemente de nuevo a una disciplina, la hermenéutica. Que si es necesaria para textos relativamente modernos, cuánto más para testimonios de miles de años antes de Cristo en arcilla y piedra. A este respecto, recomiendo encarecidamente la lectura de la Introducción de la obra compilatoria Hermenéutica, de José Domínguez Caparrós. La sencilla lectura de estas pocas páginas vinculará su contenido al nuestro sin necesidad de que haga ningún comentario más.
     En fin, un ejemplo más, de entre muchos, es el delicioso y recomendable libro Genio de Oriente de Joaquín Córdoba. Ahí vemos muy claramente ese sesgo, que acaba creyendo ver en todos los pueblos de Medio Oriente, desde los sumerios hasta los sasánidas, pasando por todos los pueblos semitas que le interesan, básicamente acadios, asirios, babilonios y arameos, el mismo bagaje cultural y cierto agnosticismo (el suyo) en los letrados de todos esos tiempos y pueblos, obviando y silenciando al pueblo hebreo, entre otros, y tirando explícitamente contra la cultura grecolatina y, más virulentamente, contra la Biblia y el judaísmo. Y más que en lo que dice, habría que reparar más bien en el tono, la verdad es que bastante innecesario y explícito, con excesiva agresividad excluyente, como quien se siente ofendido.
     Por cierto, vuelvo a modo de paréntesis a Belloch/Sandín/Ramos en relación con el mundo grecolatino. No creemos de manera tan tajante que la cultura del Medio Oriente se pierda, si bien se ha podido transmitir como se transmiten los genes: cuanto más avanza el tiempo, más diluidos, más transformados, con algunas mutaciones, en menor proporción. Pero no desaparecidos. Los autores del capítulo I de esta obra, que desea perfilar la historia de la Psicopatología, indican que deben empezar por Grecia, pero que asimismo lo que llamamos civilización occidental tuvo su comienzo en diversas áreas de lo que hoy conocemos como Oriente Medio, que incluía entre otras la cultura árabe y judía. Pero es que además entre éstas y la de lo que también hoy llamamos Extremo Oriente (China, India, etc.), se produjeron constantes interrelaciones y mutuas influencias. Y si esto es cierto para la mayor parte de las ramas del saber y el conocimiento humanos, no hay razones para dudar de que lo mismo sucedió con las concepciones sobre la mente y la naturaleza humana [Belloch/Sandín/Ramos: 2008, p. 5].
     Volviendo a nuestro tema principal, cabe expresar que resulta increíble cómo en aquella obra de Joaquín Córdoba se excluye al pueblo hebreo de ese Antiguo Oriente Próximo del que quiere perfilar su pensamiento, sus creencias, su filosofía y su forma de vida, como si este pueblo no hubiera estado allí y hubiera formado parte de los pueblos que lo configuraron, como si Abraham no hubiera salido de Ur de los caldeos, o Israel y Judá no hubiesen sido sitiadas y atacadas por asirios y babilonios, como si no se hubiera relacionado jamás con el Líbano, con Siria, con Tiro y Sidón, y el arameo no hubiera sido también su lengua franca. Curiosamente en su Colofón acusa a la Biblia de estar llena de "prejuicios y complejos del judaísmo" (p. 62), poniéndolo en clara oposición, de manera un tanto extremista, con el pensamiento y cultura del resto del Próximo Oriente del que formaba parte, en los que influyó y de los que fue influido. Yo veo el prejuicio más bien en otra parte. En todo caso, aunque se desee sostener que más allá de la tradición judeo-cristiana y grecorromana (contra esta no es tan virulento, tiene una mirada crítica más amable), existía una cultura milenaria en el Antiguo Oriente, que aparece muy claramente en los primeros capítulos del Génesis, que apoyaría a este autor más que estorbarle, no tiene necesidad alguna de tirar tan descaradamente contra la Biblia, el judaísmo y el cristianismo; en todo caso, su visión de estos es como se ha interpretado el texto bíblico en los últimos siglos y en su repercusión en algunos círculos, sociedades o épocas muy posteriores al texto mismo.    
     Algunas afirmaciones son gratuitas. Parece que el judaísmo, el pueblo hebreo le estorba, en lugar de insertarlo en el mundo que describe; parece querer negar su realidad, parece acusarlo de entrometido. Pero la Biblia no niega, sino que confirma ese mundo de sabiduría y de erudición al que hace referencia. Curiosamente, representantes de ese mundo ya en declive con el apogeo grecorromano, sabios y eruditos conocedores de ese mundo antiguo donde la astrología es otra cosa de lo que entendemos hoy (como muy acertada y vivazmente describe este autor en su excelente libro), son los que van a honrar al Hijo de ese Único Dios de los monoteístas en Belén, a confirmarlo con señales del cielo (una estrella, una profecía); hablo desde el punto de vista del cristianismo, claro. No parece que choquen tanto esos dos mundos, para él, tan distintos. Un mundo al que se acerca, por cierto, solo desde la perspectiva de ensalzamiento (en gran parte merecidísimo) de la erudición per se frente al vulgo, una visión que no comparto, desde luego no así. Valora la escritura pero ensalza la religión sin libro (pero por otro lado le entusiasma todo lo escrito sobre magia y filosofía). Y, en fin, ofrece una visión muy amable de la religión politeísta para, atención, defender el agnosticismo de los letrados (lo dice varias veces), que él cree percibir, sin hacer referencia a otras "cositas", como los sacrificios humanos, la prostitución ritual, el uso que hace el poder de la religión, ...


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Texto: José Alfonso Bolaños Luque (se irá revisando y ampliando a lo largo del verano).
Bibliografía aludida:

BELLOCH, AMPARO, SANDÍN, BONIFACIO y RAMOS, FRANCISCO: Manual de Psicopatología. Volumen I. McGraw Hill, Madrid, 2008.
     Hacemos dos referencias al principio de su Capítulo 1, que trata sobre la historia de la  
     Psicopatología y se hacen algunas reflexiones sobre historiografía. Los autores de dicho capítulo
     son Esteban Coto, Yolanda Gómez-Fontanil y Amparo Belloch.
CÓRDOBA, JOAQUÍN: Genio de Oriente. Akal, Madrid, 1995; 2ª reimpresión 2013.
DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, JOSÉ (compilador): Hermenéutica. Arco/Libros, Madrid, 1997.
EASTMAN, DICK: La Universidad de la Palabra. Vida, Miami, 1986.
JIMÉNEZ ZAMUDIO, RAFAEL: Gramática de la lengua sumeria. Ediciones Clásicas, Madrid, 1998.
MARTOS, ANA: Breve historia de los Sumerios. Nowtilus, Madrid, 2012.
MITCHELL, STEPHEN: "Introducción" a su versión de Gilgamesh. Alianza, Madrid, 2008.

La Biblia que uso es la de Reina, revisión de 1960.
    
Imágenes: http://photopin.com

domingo, 5 de junio de 2016

Una fe que mueve montañas

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FE, ORACIÓN Y MILAGROS


Voy a empezar una reflexión que tiene que ver con un monte. Es un pensamiento muy sencillo, que surge de algunas lecturas bíblicas, pero vaya por delante que no se me escapa el valor simbólico que tienen las montañas, al igual que los ríos. Basta observar las menciones a los montes en el Nuevo Testamento, y podríamos hablar largo y tendido de ellos. Tal vez lo haga en otro momento, porque precisamente ahora mismo me estoy dando cuenta de que se trata de un tema muy interesante. Pero de momento me centraré en el sencillo pensamiento que tiene que ver con un monte, con la fe y con los actos milagrosos narrados en los Evangelios y en el libro de Hechos, y otros del Nuevo Testamento.


27144147832 8d838a1c7bSon palabras muy conocidas las de Jesús en Mateo 17: 20, cuando había echado a un demonio de un muchacho lunático tras el fracaso de sus discípulos, y estos le preguntaron que por qué ellos no pudieron :

Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Vuelve a repetirle a los discípulos esta imagen del monte que se puede mover por fe, a la orden de nuestra voz, en el mismo Mateo 21: 21, cuando los discípulos se sorprendieron tanto porque una higuera a la que había maldecido Cristo por no haberle dado fruto se había secado: 

Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.

Su pasaje paralelo está en Marcos 11: 23.



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      Bien, como decía, la fe que mueve montañas; yo creo que incluso el que no ha leído la Biblia puede reconocer estas palabras de Jesús como una de sus más célebres. Esta imagen, de un creyente con fe que le dice a un monte: "¡Quítate de ahí, y pásate allá, o tírate al mar!", y el monte va y lo hace, es bastante potente, si intentas imaginarlo. Piénsalo, sería algo realmente increíble. Aunque, a decir verdad, las personas que escucharon por primera vez esas palabras ya habían sido testigos de milagros de muy distinto tipo, a cuál más sorprendente, hechos que contravenían las leyes de la física, de la biología y de la medicina. Sin embargo, esto del monte trasladado de un lado a otro, podría parecer una especie de summum, cuando el Señor Jesús lo pone de ejemplo de algo que se podría hacer con la fe tan pequeña como un grano de mostaza ... y que, obviamente, sus discípulos no tenían, de ahí el condicional ("si tuviereis fe como un grano de mostaza").
     Se pueden hacer varias lecturas de estas palabras, todas correctas. La primera de ellas es tomarlas en su mensaje general, y ver la montaña como una metáfora. La idea fundamental que se transmite con estas palabras, y queda dicho explícitamente, es que con fe, con un mínimo de fe, nada hay imposible. El problema, la situación (la montaña) puede ser removida, puede cambiar para bien, con fe. Este es un mensaje de esperanza para los creyentes, especialmente los que se encuentran enfrentados a una dificultad que les ahoga. Se les está dando un mensaje directo: TEN FE, pues con fe, aunque te parezca imposible, la tormenta se transformará en calma, el mal trago en bendición. Confía en Dios.
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     Por cierto, ojo a lo del grano de mostaza. Es curioso que Jesús ponga de término de comparación un grano de mostaza porque, aunque es muy pequeño (es decir, no hace falta más que un poco de fe, un mínimo de fe), no es lo mismo que decir un grano de arena, o un grano de sal, aunque sea del mismo tamaño que el del grano de mostaza. Parece que no es solo cuestión de tamaño. El grano de mostaza es muy pequeño, como pequeña es la fe necesaria para hacer grandes obras, pero es de una pequeñez que encierra un gran potencial, encierra en sí misma capacidad de vida, como todas las semillas, que deben morir en tierra para surgir luego en vida como una planta que crece. No en balde, el grano de mostaza que cae a tierra y luego se hace un árbol muy grande es una parábola referida al reino de Dios, y también la Palabra que cae en diferentes corazones es comparada con una semilla que cae en diferentes terrenos. Es decir, Jesús señala que debemos tener una fe como un grano de mostaza: por muy pequeña que parezca, incluso ridícula, es una fe verdadera, que tiene capacidad de crecimiento, de desarrollo, que encierra en sí la verdad de la capacidad de transformación.

22303355494 f5f1079d8f     Una segunda lectura, más contextual, que viene de observar, en cada versículo mencionado, los anteriores y posteriores, puede arrojar más luz acerca de esta fe que mueve montañas (de momento, montaña metafórica). En todos los casos, Jesús ya ha realizado un milagro que deja boquiabiertos a los presentes, y por más que Jesús haga milagros, estos son de tal naturaleza que no dejan de sorprender incluso a aquellos que han sido testigos de todos. Es decir, Jesús ya ha obrado con ejemplos de ejercicio de esa fe: bien maldiciendo a un ser vivo, una higuera, que al no dar fruto se seca de una manera excesivamente rápida (sobrenatural), de modo que no se duda de la relación causa-efecto, bien sacando de un lunático un espíritu inmundo que lo domina. Ni más ni menos. Y la lección es esa: que si Jesús lo hizo, sus discípulos también podrían hacerlo, no es potestad exclusiva de él. En Hechos de los Apóstoles, e incluso en el mismo Evangelio, podemos ver a seguidores de Jesús obrando esos milagros. Es una opción que tenemos. Vivir por fe, que es la parte positiva de ese "si tuviereis fe como un grano de mostaza ...", es decir, que es posible tenerla. Y los versículos posteriores vinculan esta fe a la oración. En el caso del muchacho endemoniado, Jesús concluye que, de todos modos, este género de situación solo se resuelve con oración y ayuno. Centrarse en el Señor, no en uno mismo, ni en nuestras necesidades, sino en su voluntad, y rogarle a Él, permite el ejercicio de esa fe, de ahí el fracaso de los discípulos, que antes, en otras ocasiones, sí habían podido sanar enfermedades y echar fuera demonios (porque habían sido comisionados por Él: Mr. 6: 7-13; Mt. 10: 1-15; Lc. 9: 1-6). En el caso de la higuera estéril, se añade a esto de echar un monte al mar a nuestra voz, la promesa de que recibiremos nuestras peticiones al Padre, si oramos creyendo que lo recibiremos (Mt. 21: 22; Mr. 11: 24). Jesús es muy directo y muy claro: si pedimos creyendo que recibiremos, nos vendrá. Es a este nivel al que llegamos los creyentes de hoy en día. Yo no he visto a ninguno echando directamente demonios o sanando por imposición de manos, pero si he sido testigo de oraciones que han tenido cumplimiento. Y es este el grano de mostaza con su potencial de vida que empieza a moverse en la oscuridad de la tierra donde ha sido puesta. Es una fe que hay que poner en marcha, que hay que trabajarla. Es imposible no acordarse de lo que dice Santiago al respecto cuando nos acercamos a estas directrices de Jesús sobre la oración. De hecho, Santiago desarrolla de forma también muy concreta esta afirmación de Jesucristo. En Stg. 1: 5-7, Santiago señala que si oramos dudando, no recibiremos nada; hay que orar con fe, creyendo que Dios nos oye y que recibiremos lo que le pedimos, sin dudar de nada. En este caso, se está refiriendo a pedir sabiduría. Si oramos sin dudar, no solo recibiremos sabiduría de parte de Dios, sino que la recibiremos abundantemente. Al final de su carta, indica que la oración de fe salva al enfermo, y Dios lo levanta de su estado de postración a causa de su mala salud, y además que consigue el perdón de pecados. Se trata de orar unos por otros. Y acaba diciendo: La oración eficaz del justo puede mucho (Stg. 5: 13-18). Y resalto ese adjetivo eficaz. La oración eficaz. Porque también existe una oración ineficaz, tan estéril como la higuera maldita, y esto conecta con la tercera lectura que haremos un poco más adelante, la lectura literal. No solo la oración es ineficaz si dudamos (nos pasaría lo mismo que a los discípulos incapaces de expulsar al demonio del muchacho), sino asimismo podemos no recibir lo que pedimos si nuestra intención y motivación son inadecuadas, es decir, egoístas:

Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Stg. 4: 3)


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     ¿Por qué digo que conecta con la lectura literal? Porque obviamente, como sucede con determinados símbolos, y muy especialmente en la Biblia, cuando Jesús dice que por fe se puede mover un monte, lo dice de modo que se aplica de dos maneras: el monte como gran dificultad o gran problema o situación, pero también el monte literalmente. Y aquí es adonde quería llegar.
    Los discípulos de Jesús habían sido testigos de muchísimos milagros. Vieron cómo Jesús sanaba enfermos, daba vista a los ciegos, echaba demonios, ¡caminó sobre el mar!, se transfiguró, quitó la fiebre a la suegra de Pedro, transformó el agua en vino, multiplicó panes y peces, calmó a su voz una tempestad (el milagro más parecido a esto de mover una montaña, calmar el mar a la orden de su voz), ¡resucitó muertos!, como Lázaro o la hija de Jairo. Luego le vieron resucitado, y le vieron subir en una nube. Tras esto, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y ellos mismos se dedicaron, no solo a predicar la Palabra, sino a ser capaces de hacer los mismos hechos milagrosos de Jesús. Sanaron enfermos ("Ni oro ni plata ..."), Felipe se desapareció del eunuco. Pablo también hizo milagros. Sin embargo, ninguno de ellos intentó trasladar un monte al mar. ¿No tenían fe? ¿No hablaban por fe, no hacían milagros por fe? ¿Es que nadie se acordó? Pero si lo dijo Jesús, es posible. Aunque Él no lo hizo. Él no pasó una montaña de un lado a otro. Calmó una tempestad a la voz de alarma de sus discípulos, tal y como Dios obra cuando clamamos angustiados a Él. Tenía un sentido calmar la tempestad: acudía a la voz de auxilio de aquellos a los que amaba, y además demostraba dos cosas: la primera, que junto a Él no tenían nada que temer: ¡Él dormía!, podían confiar bajo cualquier circunstancia. Y en segundo lugar, como pasa en todos sus milagros, era un testimonio de su señorío y su divinidad. Pero el perdón de pecados es infinitamente más importante y reconfortante que la salud física, como demuestra al sanar al paralítico que fue bajado por el techo; la vida espiritual más que la vida física, pues aquellos a los que Jesús resucitó, ¿no volvieron a morir?
     ¿No sería una frivolidad pretender mover un monte por fe por el mero hecho de hacerlo, como una especie de truco de magia sin finalidad? ¿Está para eso Dios, es para eso la fe? Jesús multiplicó panes y peces cuando vino a cuento, cuando hizo falta: cubrió una necesidad imperiosa y demostró a sus discípulos que Él era Hijo de Dios, que tenía poder, que se puede vivir por fe, que junto a Él no se padece necesidad, que los que habían priorizado estar junto a Él para escucharle no por ello padecerían de necesidades básicas. Pero Jesús no tenía donde recostar su cabeza. No multiplicaba panes y peces, y transformaba agua en vino, cada día, viviendo así de balde, como un capricho. La realidad diaria de los discípulos de Jesús era que había que comprar el pan para comer.
     Reflexionemos bien sobre esto. ¿Imaginamos a un creyente, como el maestro Yoda haciendo levitar la nave de Skywalker, con los ojos cerrados, y un brazo extendido hacia una montaña, mandándole moverse de su sitio? ¿Qué opinaríamos si viéramos a alguien hacer esto? ¿Por qué nadie lo ha hecho? Sería como pedir mal, como esas peticiones egoístas que no tienen respuesta. Podía Jesús haber convertido una piedra en pan cuando Satanás se lo pidió mientras le tentaba en el desierto (Lc. 4: 3, 4). Esa era la tentación. Podría haberlo hecho, como multiplicó panes y peces. Hambre tenía. Pero eso habría sido ceder a la tentación, habría sido anteponer su necesidad física a la voluntad de su Padre: y se limitó a responder que no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
     Él era hijo de Dios, no hacía falta demostrarlo convirtiendo una piedra en pan, o tirándose desde el pináculo del templo. Lo era, lo es. Y como lo era, cuando resistió a estas tentaciones, vinieron unos ángeles para servirle.
     Hace mucho tiempo escuché de un creyente que se jactaba de haber ayunado 41 días, uno más que Jesús. ¡Bravo! ¿Y? ¿Para qué ayunó? ¿Por qué oraba mientras lo hacía? ¿Demostraba con eso que era mejor que Jesús? ¿O más bien fue un convertir piedra en pan, para engrandecimiento de su propia persona y no de Dios? ¿No transgredía de ese modo, dándolo a conocer, la propia instrucción del Señor de ayunar y orar en privado? Si es que este hermano existió en verdad, y no es más que una leyenda urbana.


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Mis conclusiones, recapitulando:

1. Con fe muy pequeña, puedo hacer grandes cosas, tales como mover literalmente una montaña de sitio, aunque no para mi capricho o deleite, sino con una finalidad clara acorde con la voluntad de Dios.

2. Estos milagros más bien vendrán de ejercer esta fe cuando estamos en oración: debemos pedir con corazón creyente, sabiendo de antemano que Él concederá nuestras peticiones.

3. Dos cosas son necesarias al pedir algo en oración: pedir conforme a nuestras necesidades en armonía con la voluntad de Dios, y no para nuestros deleites, para nuestros deseos egoístas, y hacerlo con fe, creyendo que Dios nos lo concederá.

4. La salud física y la espiritual (perdón de pecados) parecen las peticiones prioritarias, y unos por otros.

5. Debemos tener fe, una fe efectiva, de oración eficaz, como un  grano de mostaza: humilde, pequeña, sincera, cierta, potente, viva.

6. Nada hay imposible para Dios: ¿crees esto?


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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com


lunes, 16 de mayo de 2016

Presentación de este blog



MI APOSENTO ALTO


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Ya he dicho en otras ocasiones que yo no voy por la vida haciendo ostentación estruendosa de mi fe en Jesús, pero tampoco (obviamente) la oculto, ni mucho menos. Soy una persona plagada de defectos, y me dirijo desde aquí a los que, como yo, se saben imperfectísimos. Pero por eso no puedo callarme. Lo que para mí es ciertísimo, más allá de apreciaciones subjetivas, más allá de búsquedas de religiones, es cuestión de decirse a aquellos con oídos para oír. Este no es el blog de mi religión, de una religión, sino de un encuentro y una relación, de un nuevo nacimiento y de un Camino.


14600781696 b7f191c0ed     Este es un blog personal. Ya tengo otro, desde hace tiempo, manojitosdemirra.blogspot.com, donde además de verse algunos de esos defectos de los que hablaba (más de uno me ha leído allí, por ejemplo, bastante enfadado con otras personas, en un momento un poco difícil de mi vida, y por supuesto que me arrepiento de esa actitud, reflejo de inmadurez), en general ha acabado volcándose en artículos sobre Educación, Literatura y Lengua Castellana. Es un blog muy visitado desde que empecé a resolver exámenes de Selectividad de Comentario de Texto, Lengua Castellana y Literatura.
     Allí hay de todo. Reflexiones personales, artículos críticos, explicaciones de lingüísitica, o la evangélica visión de lo que ahora se llama Domingo de Ramos. Sin embargo, hace tiempo que busco un lugar donde expresarme exclusivamente en cuanto a mi relación íntima con Jesús. Y ese espacio es este nuevo blog.
     Y ahora repito: como el otro, este es un blog personal. Está creado para dar cauce espontáneo a mis pensamientos, sentimientos, creaciones o lecturas, en este caso desde el punto de vista de mi fe en Jesús. Es un blog mío que espero que esté centrado en Jesucristo. No responde a ninguna organización. No pretende convencerte de nada. Pretende primordialmente que yo me exprese y, ojalá, que mis lectores hallen en él puntos de reflexión igualmente personales.

26249446864 a2b22ab1b6      Si observas la vida de Jesús, imagino que podrás sorprenderte de los espacios físicos que habitualmente ocupa: cuando no hablaba y obraba en una sinagoga, estaba en las calles, en el monte, en el mar. Los espacios son prácticamente todos abiertos, y el contexto es social (rodeado de gente y relacionándose con ellos de diferentes maneras) y natural (espacios de naturaleza). Cuando buscaba intimidad, no dejaba de estar en ese contexto natural, con mucha frecuencia muy temprano o muy tarde, en lugares apartados: un huerto, un desierto, en medio del mar, un monte. Bueno, él mismo decía que no tenía donde recostar su cabeza.


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       La noche en que lo prendieron, lo hicieron allí. Y su angustia previa también. Pero para comer la Pascua (símbolo de siglos de él mismo y lo que le había de acontecer), se dispuso un aposento alto donde estar con sus más íntimos, incluido el que le había de traicionar. Ese lugar de recogimiento con los suyos, de participar de una cena que al mismo tiempo es símbolo de sucesos reales que daban cumplimiento a las Escrituras y proyectaban una libertad y una salvación inefables, donde todos mojaban el pan en el mismo plato, inspira el nombre de este blog, que aspira a ser el lugar virtual al que yo pueda subir y compartir, en ese mismo tono de confianza y solemnidad a un tiempo que espero que nunca se rompa.
     Así es como llamaba mi madre al local de la Iglesia de Navalmoral de la Mata durante muchos años, en la calle Pavía. Era una casa pequeña, antigua, con escalera y vigas de madera, pared blanca, donde nos reuníamos unos pocos cada semana. A ella le recordaba el lugar a como pudiera uno imaginarse ese lugar alto donde Jesús bebió por última vez del fruto de la vid hasta que él venga.


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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com