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domingo, 17 de noviembre de 2024

"AMAE POP BLUE": UNA NOVELA DONDE SE VAN REVELANDO DEBATES INTERIORES Y SUFRIMIENTOS, POCO A POCO

Tengo la satisfacción enorme, después de tanto tiempo de redacción, de emociones, de tormentos internos y externos, de ver publicado Amae pop blue (https://librosindie.net/product/amae-pop-blue/): una narración ficticia en forma de novela. Es inefable esa satisfacción, ahora no hago otra cosa que hablar de ella, como es lógico, pero no sé si lo hago bien, si soy sincero. Se publica el Volumen I, de un total de tres. Es completamente ficticia, sí, pero siguiendo a Cortázar, lo he metido todo ahí.




     Es muy relevante hablar de ella aquí, ahora explico por qué. De hecho, desde la página web que he creado para ella, remito a este blog y explico un poco allí el motivo (https://amae-pop-blue.webnode.es/sobre-mi/). Y es que, si bien el elemento más saliente de esta novela, desde los ojos del lector medio que se pueda acercar a ella, es el de la experiencia erótica, el crecimiento de la sexualidad del protagonista, que no es asunto menor y se basa en varios pilares, algunos de los cuales se han tratado aquí, otro elemento potente es el del debate interior acerca de las creencias heredadas y los valores supuestamente bíblicos que arrastra el protagonista, criado evangélico, un reflejo literario de mis últimos artículos aquí, extremados en algunos capítulos, aunque en el Volumen I, como van apareciendo poco a poco, no se observan en su plenitud, para ello hay que llegar al último, al Volumen III. La Biblia aparece, o se atraviesa sutilmente, de muy diversas formas.

     En los preliminares se alude a un prólogo eliminado que, tal vez, pudiera publicar aquí en otro momento. Ahora no, sería desvelar lo que la novela ha querido ocultar. Pero el lector de este blog lo entendería muy bien, y todas sus conexiones conmigo sin malentenderlas. Yo ahora, cómo no, invito a hacerse con la novela, leerla y difrutarla, sabedor de que le aportará al lector muchas más cosas de lo que en principio podría suponer.

sábado, 3 de junio de 2023

LA PARÁBOLA DEL SEGUNDO HIJO PRÓDIGO

 6 Por pura obediencia a su padre, y no porque lo entendiese en absoluto, él acabó participando en la fiesta de bienvenida y recuperación de su hermano, de su restitución en posición y dignidad. 7 También había que entenderle a él, ¿no? Él se había quedado allí, su hermano fue un insensato, y volvió porque no tuvo más opciones que hacerlo, él se quedó allí, y todo era trabajar para la familia, y lo respetaba, a su padre, jamás se le ocurrió una idea tan loca, él lo hacía bien, para su padre, para los roles, para la ley escrita y no escrita y para Dios, y eso jamás se celebró, mientras su hermano lo pasaba chachipiruli a tutiplén con un dinero que aún no le correspondía, él permaneció y su padre ni un mal cabrito para celebrar ni nada, no era como uno de los hijos de Job, que hacían banquete por día, turnándose, y ahora… 8 Y tenía cosas por las que preocuparse a largo plazo. Su hermano desaparecido volvía a serlo, su hermano, con todos sus derechos pero, ¡eh!, él ha dilapidado la parte de su herencia, ¿volvería a heredar? Porque de hacerlo, la parte que le correspondiera en realidad la estaba quitando de la suya… 9 ¡Hombre!

10 Hasta que no se acostumbraron a tenerlo de nuevo, él no llegó a comprender un poco la decisión de su padre. Y porque su hermano se portaba muy bien. 11 Era sincero el pródigo: se levantaba el primero por las mañanas para trabajar, con mucho entusiasmo, 12 parecía el más diligente de los esclavos de su padre en lugar de su hijo, y eso que a él no le daban con la vara ni la correa, el capataz nunca lo haría, y agradecía cada bocado, con sus gestos y actitud. 13 Lejos de sus malas profecías, el pródigo nunca pidió banquete más, y siempre tuvo conciencia de no abusar de nada. Es más, para todo se ponía a sus órdenes, nunca le contradecía en nada, y eso lo tranquilizó. Pero hacía cosas raras, como comer menos para compartir su pan, no solamente con los suyos, con sus trabajadores, sino con otros de fuera, e intercedía a su padre de vez en cuando por gente que estaba necesitada. 14 Se acordaba de lo mal que lo pasó, de lo que le impulsó a regresar. Eso podía ser peligroso… 15  No se comportaba con la autoridad propia de un heredero, podría llegar a convertirse en un coladero de pedigüeños y veríamos, veríamos… Pero no, porque él simplemente intercedía, pero se quedaba ahí, obedecía a su padre y a él mismo, bien. 16 Por eso ahora tenía algunos momentos de lucidez que le permitían ponerse en el lugar de su padre. Pero eran algo breves, porque solamente le pasaba cuando en su mente y corazón no estaban los conceptos de justicia y derecho, solamente de humanidad. 17 Él también era su hijo, y su padre tenía derecho a amarlo y volcar sobre él toda la misericordia que quisiese.

18 Pero 19 también era un problema, ahora tenía que luchar en su interior contra otro pecado, la envidia, él era muy religioso, sabía que era envidia, no se autoengañaba. Su hermano venía con otros conocimientos y experiencias de la ciudad donde estuvo. Sabía mucho de vinos, como un sibarita, y de lo que gustaba allí y en la zona. 20 Sabía de especias y de telas, de bálsamos y perfumes, y muchas veces era él el encomendado para ciertos negocios y compras. Lo veías ahí paradito, humilde, innecesariamente ya con el rabo entre las piernas, pero cuando salían esos temas sabía más que ninguno. 21 El lote que se habría dado allí, la gente a la que habría conocido… 22 Ya no se dejaba engañar: pastoreando cerdos tuvo mucho tiempo para reflexionar cómo le habían engañado, cómo nadie le paró los pies, cómo se aprovecharon, qué insensato fue, hubo mucha reflexión que le llevó a una mejor comprensión de ciertos negocios sucios de los que él fue víctima voluntaria y ciega, del comportamiento egoísta de algunos, algunos muchos, y de la cara y cruz de la virtud y el vicio. 23 Ahora era otro, no iba a lo loco, y aprovechaba inteligente y sagazmente los conocimientos de aquello que lo devoró, era el experto en eso. Y también sabía otras cosas.

24 Sabía de hombres y mujeres. Con un concepto de ese tema que iba más allá del interés y el tener descendencia, la verdad es que sus desmanes le hicieron conocerse mucho. Valoraba ahora la compañía, sabía que tendría siempre impulsos sexuales y necesidad emotiva, se buscó pronto a una compañera que hizo esposa, más joven que él pero buena, él la quiso un tanto ingenua y buena, y se amaban, prodigaba por ella, otra vez pródigo, mucho amor y respeto, y le hacía y le pedía cosas en la cama, o lecho, que aprendió de haber estado con putas que se enriquecieron o salieron del paso, dependía de la puta, cuando estuvo allí. 25 Su hermano iba descubriendo ahora la verdadera naturaleza femenina, que nada tenía que ver con las rameras que se dedicaban a practicar un oficio lo mejor que sabían, con halagos y adulaciones, y también se reafirmaba en su masculinidad sexual, emocional y personal. 26 Fue listo. 27 Era consciente de lo fuerte que era el sexo, que una vez pasado el trance del regreso y viéndose restituido, pronto vendrían los impulsos y las tentaciones: con los cerdos, soñando con arrebatarles sus algarrobas, había estado mucho tiempo, y ahora se veía como se veía, no lo iba a consentir, lo cortaba de raíz, se buscó pronto esposa para amarla y respetarla todos los días de su vida, ¡joder! 28 Pues sí que había aprendido la lección, su hermanito. Y él se carcomía de envidia en ocasiones, enredado en relíos teológicos, míticos y supersticiosos un tiempo. Así que, igual que su hermano con el sexo, él decidió ser como él con la envidia, que es un pecado peor que el adulterio y la fornicación, digan lo que digan muchos siglos después esa gente del club de lectura de cartas ajenas, igual a los locos y sabios corintios que a un pobre tal llamado Timoteo o a los lunares efesios, que aquí no se niegan las profecías y se puede mirar a futuro. A ver, era peor sin duda, la envidia es peligrosa, puede llevar al homicidio… 29 Bueno, todo puede llevar al homicidio, pero si no lo entendía mal, fue la envidia lo que llevó a Caín a matar a Abel, ¿no? 30 Como sea, que después de que regresó su hermano todo en su mente parecía cada vez más teológicamente patas arriba, su padre estaba contento con su matrimonio, y su madre también, para ellos fue la confirmación de que su hijo había sentado la cabeza, y un consuelo, y eso estaba bien. 31 Si luego se oían gemidos de placer nocturno en donde su hermano, tampoco habría por qué decírselo y, en realidad, eso tampoco importaba, porque esta época es anterior a la victoriana y no está mal visto el gozarse así a tu pareja legítima ni siquiera entre los religiosos, esos son temores del después, que aquí hasta los niños y también las niñas ven a diario como el carnero se folla a la oveja e incluso igual si le pones varas ante los ojos mientras la empotra consigas cierta eugenesia de provecho.

32 ¡Oye!, pues, la verdad, la reacción que acabó teniendo este hombre fue al final muy positiva, ¿no? 33 Porque con tanta lucha cognitiva y emotiva, acabó por admirarle en lugar de envidiarle. Y, para pesar de sus padres, él también fue corriendo a pedir la parte de su herencia, ya tan mayores sus padres… 34 Una especie de crisis de los cuarenta a los veintimucho, que en esta época se vivía menos. E igual.

35 Indignados estaban todos cuando, tiempo después, regresó. Su padre, tan anciano que tenía demencia senil, no paraba de llamarlo ingrato e hipócrita solapado, ¡cómo se atrevía a volver! 36 Y su hermano, con sus cuatro hijos ya, meneaba la cabeza y hasta le escupió en la cara. 37 ¡Cómo hacerle eso a su propio padre! 38 “¿Tú sabes lo que hemos pasado aquí?”, y el pobre, antes de verse morir en la indigencia y la indignidad, se quitó la vida, colgándose de la rama de un algarrobo. 39 Lo cual, como sabemos, lo conduce como por un tobogán de un parque acuático al Seol o, peor, al puto infierno.

 

(Tomado de la Epístola Apócrifa de mis Narices a los Bellavistenses, 3:6-39, en la versión panhispanoamericana modernizada y cotejada. Cf. El comentario de la Thompson y la Harper-Caribe al libro de Ester: alguna relación encontrarás, tú exprímete el cerebro y ya verás).

martes, 1 de enero de 2019

Mis textos de la segunda mitad de 2018 (mi año más largo)

CUATRO POEMAS Y UNA ORACIÓN


Introducción

Superar exige asumir, no pasar página o echar en el olvido. En el caso de una tragedia requiere, inexcusablemente, la labor del duelo, que es del todo independiente de que haya o no reconciliación y perdón. […] El duelo no es ni siquiera cuestión de recuerdo: no corresponde al momento en que uno recuerda a un muerto, un recuerdo que puede ser doloroso o consolador, sino aquel en que se patentiza la ausencia definitiva. Es hacer nuestra la existencia de un vacío.


CARLOS PIERA: "Introducción" a  En los ojos del día: antología poética, 
de Tomás Segovia, que yo he tomado a su vez de Los girasoles 
ciegos, de Alberto Méndez, su único preliminar.


2018 ha sido el año más largo que jamás he vivido hasta ahora, incluidos los de mi infancia. Se sucedían, superada esta, uno detrás de otro casi sin darme cuenta y el año en que cumplí 42 ha sido intenso día tras día. Un año de bello reencuentro con mi Señor, al que nunca he dejado de amar, a través de un desierto de desconcierto y dolor.
     Sus primeros días fueron los típicos de celebración, pasamos en Vallejera de Riofrío (Salamanca, cerca de Béjar) el fin de año, vimos la Cabalgata de Reyes aquí en Gines (Sevilla). Casi de inmediato, mi matrimonio se resquebrajó. No entro en los detalles. Hasta finales de abril, todo por mi parte fueron vanos intentos por una reconciliación complicada, negada por la otra parte, y de cambiarme a mí mismo. Momentos de desconcierto, amargura, soledad, y a veces casi supervivencia. Hasta que toqué mi fondo (espero que haya sido ese mi fondo). De esa primera parte del año tengo poemas y textos, algunos reflejan esta situación, pero fueron pocas mis creaciones, como venía sucediendo en los últimos años.
     A partir de finales de abril decidí buscar ayuda. Dejarme ayudar por diversas personas. Realmente, di el paso impulsado por el Señor. Él me tomó mientras me sumergía, me sacó y pasé largos días aferrándome a Él todo lo que pude: preciosos momentos de intimidad regados por muchas, muchas lágrimas que solamente Él vio. El salmo 40, al que me llevó una sierva suya, se ha convertido en uno de los que ahora entiendo de mejor forma, más plena e intensa, y de los más significativos para mí. De esta otra parte de 2018 solamente hay cuatro poemas originales míos, que traigo aquí con aclaraciones previas. Y también una oración (un texto lírico en prosa en el que, al menos al final, me dirijo a Él). No es exactamente una oración, aunque la contiene. Una confesión íntima, más bien. Espero compartirla el domingo 6 de enero de 2019 como testimonio a mis hermanos de la Iglesia Evangélica de Coria del Río.
     El divorcio se firmó de mutuo acuerdo en septiembre: aun en ese momento, el de la firma, le recordé que la reconciliación era posible, conmigo sí. Se ratificó en octubre en los juzgados, con alguna modificación. La sentencia llegó en diciembre.
     Yo nunca quise la disolución de mi matrimonio. Me ha costado mucho asimilar mi nuevo estado de divorciado a mi pesar, y, una vez asumido, cuál es mi posición y perspectiva delante de Dios al respecto. Gracias a los que me asisten, y su entendimiento bíblico, su lucidez al leer tanto mi situación como las Escrituras, puedo a día de hoy sentirme divorciado. Mi matrimonio ya no existe tampoco a nivel espiritual, he dejado de ser una sola carne con ella. Su persona sigue siendo fuente de preocupación para mí y motivo de oración. El dolor se va mitigando; la cicatriz queda para siempre.



POEMAS DEL FINAL
Mis últimas ahoganzas, definitivamente

          I 

DERRUMBE

Cuando compuse este poema estaba muy reciente el derrumbe del puente de la autopista en Génova, probablemente lo escribiera en agosto. Coincidía con la idea de que todas las estructuras en mi familia y un poco en mi vida estaban caídas, destruidas. 

Se han derrumbado las estructuras.
Caen los puentes,
las pasarelas,
de repente, con estruendo,
destrucción y caos,
sombra de muerte.
Las ruinas quedan desperdigadas, 
amontonadas;
se escuchan los lamentos;
hay quienes no saben,
aún no son conscientes;
hay quien está lejos,
hay quien corre incierto...

          II

SEIS DE OCTUBRE DE 2018

Todo se ha vuelto emotivo,
todo connota:
todo pincha, todo quema, todo duele.
Mis gafas viejas se rompieron ayer,
no sirven para nada, no quiero que se tiren,
¡son de 2015!, y en 2015
estábamos juntos, son las que recuerda siempre
mi hija pequeña verme puestas.
Transito por la casa, tu sombra sigue allí:
nuestros perros,
nuestros árboles,
nuestras plantas,
nuestras preciosas tazas de café
ya descoloridas,
la cocina que elegimos,
todo el cúmulo de bultos de la mudanza,
el colegio de las niñas que tan felices nos puso
(esta casa la elegiste tú),
las cortinas y estores que están puestos
y los que nos faltaba elegir para poner,
escuchar la radio por las noches,
escuchar que nos despierta la pequeña los fines de semana
y despertar nosotros a su hermana mayor,
los churros los domingos para desayunar
viendo por la tele un programa de perros,
ir al súper y ver los productos que comprábamos,
para hacer de comer, para limpiar, para que la ropa huela bien;
las calles por las que camino,
el interior del coche,
la luz y el clima,
qué hacer con mi tiempo,
los libros, los bolis, las libretas
(ni siquiera hablo de fotos),
la cada vez menos ropa tuya que va quedando,
tu hueco del armario,
usar nórdico en vez de manta,
usar viscolástico, usar la almohada,
todo, ¡todo!, es una permanente bofetada,
hacer de comer en la Thermomix es un puñetazo en el estómago,
la Thermomix que compraste tú,
ver cómo los perros se cargan el papel pintado que sobró
y que aún guardábamos por si acaso,
una patada en la boca.
Paliza tras paliza, ¡qué terrible
escuchar a tus hijas decir
que echan de menos que estemos juntos!
¡Qué felicidad, sencillamente,
sólo y sencillamente,
estar juntos!
Todo es emotivo, todo connota,
hasta mi cara en el espejo es un recuerdo.

          III

AUSENCIA BRUTAL
           12-10-2018

     No es lo que veo
porque nada destaca, todo evoca y entonces
nada evoca. No es lo que veo,
sino lo que no veo;
no es lo que oigo,
sino lo que ya no escucho;
no es lo que espero,
sino lo que no me espera.

     No habrá desánimo,
ni desaliento,
así mi pena es más auténtica y guardada,
dejada en la profundidad de las cosas verdaderas,
guardiana de dulzuras y privilegios pasados
que nadie habrá de profanar,
ni tan siquiera mi yo ni mi nosotros de ahora.

     Solamente que tengo que hacer el gran esfuerzo
de seleccionar qué poquitos objetos,
lugares, situaciones, elementos,
podrán arrancarme lágrimas, porque todo,
ahora mismo todo,
absolutamente todo
eres tú,
la que no estás;
material o inmaterial, todo
activa en eco tu presencia.

          IV
VIAJE A LORCA UN INSTANTE Y VUELTA CON LAS NIÑAS
                        14-10-2018

Ella tenía a las niñas tan lejos... Y cuando vino a Sevilla a por ellas, tan delgada, se mareó y flaqueaba. En contra del sentido común, y también porque mis hijas hicieran un mejor viaje, accedí a recogerlas en una localidad relativamente cercana a ella, Lorca. Me desperté de madrugada, con la idea de llegar de mañana allí: salí de noche. Pero en esa noche y  en ese principió de día llovió de forma extraordinaria. La oscuridad y la lluvia no me permitían ir rápido; paré por el camino hasta tres veces. Escribí este poema en una de esas paradas.

Voy para allá
tan temprano... Si
al menos amaneciese ya
(¿y la luz?)
y esta oscuridad terrible se desvaneciese,
iría más veloz a vuestro encuentro,
a pesar de la incesante lluvia
y a pesar de mi incesante llanto,
y a pesar del ensueño de un instante:
volver cuatro, cuatro juntos,
volver nosotros sin
mutilación.
     
     Voy para allá, ¡qué terrible oscuridad!, si
al menos
amaneciese ya...


RECUERDO, CONFESIÓN, ORACIÓN

Intensamente, oraba por un milagro que aún no ha llegado, si es que tu respuesta no ha sido directamente no. Mi alma clamaba a Ti, buscando con desesperación tus brazos, aunque ya me tenías entre ellos, como un bebé tomado y apretado contra el pecho de su madre pero que todavía continúa su llanto por su desconcierto inicial. Y la mamá empieza a mecerlo, a susurrarle, a hacerle notar a través del tacto de todo su cuerpo que "ya, ya, ya", "ya está, ya estás conmigo". Así estaba yo Contigo, en oscuridad de desconocimiento, con persistencia en gestos de quien se ahoga a pesar de hallarse al fin fuera del agua: mi llanto Tú lo oías. Me escuchaste, me escuchas, me trajiste a tu regazo, a la suavidad de tus brazos poderosos, al calor de un amor incontenible.
     Mi clamor solicitaba un milagro: Que mi sola carne, deslindada de mí, volviera a serlo. Que se produjese una reconciliación entre ambos. Y Tú me oíste. Y lo que hiciste fue reconciliarte conmigo. Pedía reconciliación con mi esposa, que ya no lo es, y Tú hiciste que nos reconciliáramos nosotros. No te olvidaste de mí. No me repudiaste a pesar de mí mismo y de mis actos. Cuando te llamé, viniste. Y me sacaste de las arenas movedizas, tomándome del brazo, con el fango en la barbilla. Me sacaste, me salvaste, me curaste, me limpiaste, y estás reconciliado conmigo. ¿Y ahora qué digo? Balbuceo como un bebé...
     Movilizaste a tu gente por mí, sólo para mí. Mi Médico, que me observaba constantemente, diste órdenes a tus enfermeros para que trabajasen en mi cuidado. ¡Y con urgencia! Y ellos te obedecieron. Y, General del Gran Ejército, mandaste tropas para resistir el asedio y, después, expulsar a todos los invasores. Hasta no quedar ninguno.
     Te pedía el milagro de una reconciliación y Tú me la has dado. ¡Gracias, mi Dios, glorifícate en mi vida! 





                                                             José Alfonso Bolaños Luque





domingo, 11 de septiembre de 2016

Poema



Hasta las pequeñas briznas llega el soplo de la brisa.
Lo más insignificante es visto y atendido, y es contado.
Los fuertes vientos que mueven deprisa
las grandes nubes de la tempestad,
arrecian en lo alto y, observándolas,
he sentido agradecido
las brisas que soplan en la hierba
pasando por los vellos de mis brazos,
por la piel del dorso de mis manos,
y he sabido
que hasta aquí llega el respiro,
que Tú estás tan allá como acá,
tan en lo celeste
como a la puertecita del más pequeño corazón.




Texto: José Alfonso Bolaños Luque