domingo, 28 de agosto de 2022

ALGUNAS CONSIDERACIONES MÍAS ACERCA DE LA BIBLIA, A VUELAPLUMA, ASÍ SIN MÁS NI MENOS

 

No tengo mucho tiempo, ni quiero tenerlo, para dedicarme a este blog, que desde un principio y siempre será así, es personal, no tiene ninguna pretensión más que el venir yo y concentrarme en estas cosas o reflexionar, un pequeño rato. Jamás es mi intención convencerte de nada sino más bien expresarme; y no te engaño: no propongo ninguna clase de estudio o pre-estudio bíblico ni de ningún tipo. A mí escribir me relaja y me aclara, simplemente es eso.

     ¿Hay imagen más prototípica de un evangélico que con la Biblia en la mano? ¡Qué maravillosa es, la Biblia! La pobre, apenas tiene lectores que se acerquen a ella con tranquilidad y cierta ingenuidad, y es una lástima. Pero es lo que tiene estar etiquetada como texto sagrado y vinculada a una o varias religiones con una trayectoria de influencia social, intelectual, política y familiar muy marcada. E igual pasa con la propia figura de Jesucristo. ¿Por qué no mencionarlo -de hecho, se hace solapadamente más frecuentemente de lo que nos imaginamos-, sin necesidad de ser creyente, como igual se mencionan a otras figuras de gran impacto en la sociedad? Esta propuesta de Augusto Cury era muy interesante: si no crees en su divinidad, no hay nada, no obstante, que impida que te aproveches de sus enseñanzas, como lo haces de las de Buda, Einstein, etc. Pero Él, igual que la Biblia, está muy marcado, ahora como políticamente incorrecto, quedas mal si lo haces, por lo general. La Biblia, de igual modo, está muy marcada: o produce rechazo, como base de una religión que muchos han sentido y sienten como opresiva, limitante, una especie de aparato religioso-legal o excusa de mantenimiento de diversos sistemas políticos y tendencias, imposición de normas de comportamiento y sumisión, etc., o se considera un libro sagrado, fuente de revelación y luz, que debe llegar a todos, muy mal leída por muchos, por otro lado. Es un libro complicado de leer, por otra parte, eso es verdad, por su antigüedad y porque no es realmente un libro, sino un conjunto de libros seleccionados por diversos comités de expertos, tan humanos como tú y yo, que se han estado dando el relevo a lo largo de los siglos, no sólo para determinar cuáles de ellos entran en esta selección (el canon), lo que le permite una supervivencia increíble, ¡cuántos no se han perdido a lo largo de esos siglos por no haber entrado aquí!, cuando el manuscrito más antiguo de todos ellos dista mucho de su redacción original, es la copia de la copia de la copia de la copia que hemos podido conservar, y lo hemos hecho porque un sistema religioso basado en lo sagrado del texto se ha encargado escrupulosamente de mantener, al ser vital a nivel religioso y espiritual dicha conservación, decía, no sólo para determinar qué libros entran en el canon y cuáles no, sino asimismo para cotejar manuscritos y determinar el texto más limpio, para interpretar sentidos y enfoques y para decidir qué impacto tiene sobre nosotros en, atención a los temas, la naturaleza y carácter de Dios, las esferas espirituales, la concepción del mundo y del ser humano, las relaciones con Él y entre nosotros, y al final lo acaba inundando todo en esa línea que marcan los expertos si te convences, crees o te dejas llevar por ella, si no la lees como lectura simple, sino con fe y esperando encontrar en ella revelación e iluminación. Lo bueno de esto, a mi entender, es que se trata de un texto flexible, pocas veces da una idea excesivamente rígida que se mantenga a lo largo del tiempo, necesitas pensar sobre ella, pedir por lo que te enseña, conectarte espiritualmente en cierta sintonía, eso si eres de los que leen con inquietud y ganas de aprender de ella, y no de los que se conforman con que otro te diga qué es lo que se supone que dice y cómo tienes que actuar, valorar, decidir, pensar, sentir, en base a su estudio personal, él te dará manojos de versículos y citas que parecen acreditar su tesis casi infalible o sin casi, aunque en el fondo los ha buscado ex profeso para decirte lo que quiere decirte, que no es idea suya en realidad, viene de muy atrás, y de lecturas e interpretaciones de otros que a su vez lo tomaron de otros, y de un sistema; pero la mayoría son sinceros, muchos tienen  clarividencia y les pasa lo que yo decía, que es lo sorprendente de la Biblia, que en un fragmento que se han leído mil veces a la que hace mil uno descubren algo nuevo y el entusiasmo intelectual y espiritual de esa revelación no tiene nombre, es dichosa al máximo. Porque no es un texto fácil, aunque lo puedes leer con facilidad en ciertos tramos si quieres, tiene capas de profundidad progresiva (no toda, pero gran parte), en la que puedes meditar y alcanzar, y esa progresión que ves en ti provoca un gozo extremo y, obviamente, lo quieres compartir. Eso te pasará aunque no seas creyente, simplemente un lector que se ha quitado barreras mentales y tiene curiosidad; sin necesidad de considerarlo un texto sagrado pero sí con buen ánimo y ciertas ganas de aprender y de acercarte al texto, como harías, si eres lector, con textos similares de otras culturas. No es un texto fácil por muchísimos motivos. Aun suponiendo que le quitamos costras y costras de las que la historia y los sistemas religiosos le han ido envolviendo, presenta dificultades, si te lo tomas un poco en serio. El tiempo y la antigüedad es una. Los textos son de diversas épocas en zonas muy concretas del mundo, en sociedades articuladas distintas y muy ajenas a la nuestra, con códigos y pautas que aún no entendemos del todo, y escritas en idiomas que deben traducirse lo más rectamente posible, lo más ajustado a lo que en el fondo dicen, y eso es complicado. Porque además los expertos que lo hacen ya traen consigo un interés más que intelectual, traen sus creencias y valores, que supuestamente vienen de ese mismo texto, es complicado. Yo ahí ya no sigo, no soy experto, y no quiero. 

      Otro motivo es saber ver qué es en realidad, y cuesta mucho. Cuesta mucho contemplarla como una biblioteca, y no un libro unitario, a pesar de que su propio nombre ya te lo avisa: "Libros" se llama este libro, selección de obras. Y aquí me paro, porque es de esto de lo que quiero hablar hoy, con la mala sensación de que tal vez no consiga expresar bien lo que quiero. Lo voy a intentar. Lo hago ya como evangélico pensando en lectores evangélicos, por no alargar demasiado ni enredarme mucho.

      Una de las grandes "maravillas", por no llamar milagro, que nos llena de muchísima satisfacción a los creyentes de este libro es reflexionar en el hecho de que, siendo tantos libros los que componen la Biblia, de épocas tan distintas y con autores tan diferentes, desde reyes hasta humildes pescadores galileos, la Biblia presenta una unicidad, una línea temática y doctrinal, que la cohesiona de una forma extraordinaria. Pero esto no es más que pura tautología, es una pescadilla que se muerde la cola. Y eso pasa porque se nos olvida que se trata de una selección, que fuera de ella han quedado muchos otros escritos bajo la mirada muy ortodoxa y estricta de expertísimos de la pureza que se quiere conservar. Y, además, tampoco es cierto, al menos no al cien por cien. De ahí que Lutero quisiera desterrar del canon la Epístola de Santiago, porque a él no le cuadraba con la línea que él creía que debía tener la Biblia: ese hombre, Santiago, hablaba con demasiada autoridad de las obras, cuando en otras epístolas es la gracia y la fe las que se imponen, por obras no se alcanza la salvación, y ese era un punto muy importante para un protestantismo que se oponía frontalmente a un catolicismo que hipotecaba tu cielo a tus obras, al parecer. Le sobraba Santiago. Pero Santiago ha quedado, y ahora hay que rebanarse los sesos para hacer concordar sus enseñanzas e instrucciones con otras, especialmente de Pablo, y encajarlo en la doctrina común, depende de qué doctrina: en nuestro caso, la salvación es por fe, por supuesto, y no puede ser de otro modo, si no, ¿para qué vino Cristo?, y no en el cumplimiento imposible de una Ley imperfecta que aumenta en exigencias siglo a siglo, la gracia, la libertad, ¡qué mal se lee Gálatas 5, del que solamente se suele tener en cuenta su segunda mitad, y vista con ojos de legalista!, pues esa doctrina hay que encajarla con lo que dice Santiago, que también es Biblia, y ahí viene para nosotros que, aunque la salvación es por fe, se ve reflejada en las obras. Está muy bien, a mí también me parece así. Pero el malabarismo... ¡Cuántos malabarismos de encaje son necesarios! Es difícil leer la Biblia, necesitamos intérpretes, como el etíope.

     Aparte de ser de una belleza a descubrir vez tras vez, hay en el Antiguo Testamento algunos libros que incomodan a muchos, que apenas los leen y toman de aquí y allá sus versículos para sus mensajes cuando lo creen oportuno, pero les cuesta, les cuesta, y no he de negar que son mis favoritos, a decir verdad. El grandioso libro de Job, parece ser que el más antiguo, premosaico, con conexiones con textos mesopotámicos, es muy revelador, pero les parece difícil a casi todos una vez que llegan a los discursos y diálogos, pasan de puntillas y se creen lo que les diga el teólogo o pastor, o pastorcito, de turno, lo que cuadre más con el sistema de valores preestablecido. El libro de Ester da mucho que pensar. Rut es delicioso. Y el Cantar es romántico, erótico, más que delicioso, jugoso, hay que tener mucha sensibilidad poética para que vibre contigo, se soslayan, se disfrazan, se retocan, ¡qué impiedad con ellos, qué falta de respeto! Ni te cuento el Eclesiastés. Ese también lo escribió el hombre más sabio del mundo, y de los más mujeriegos, tal vez más que el Genji, mucho más que su padre. Los Proverbios nos vienen muy bien, el Eclesiastés es durillo, como un polvorón para algunos, porque se acercan a él con las gafas de "voy a leer la Biblia", no "voy a leer el Eclesiastés", y sus verdades como puños en el estómago, que a poco que mires el mundo y la realidad verás que no andan nada desacertadas, ¡chocan tanto con nuestra burbuja de verdades creadas!

      Si Dios, en su omnisciencia, nos hubiera querido dar un libro donde se explicasen, a nuestro nivel, claro, para que lo entendamos, porque somos finitos y no podríamos abarcar tanto, como a un niño de 1º ESO no le das uno de 2º de Bachillerato, las verdades acerca de Él, nosotros, el mundo físico, el mundo espiritual, qué es ser hombre, qué mujer, etc., nos habría proporcionado un texto expositivo, como los libros de texto del cole, con ejercicios. Si lo que quisiera fuera darnos un manual de instrucciones de cómo comportarnos, sentir y ser, no cada uno individualmente, sino todos sin excepción, y un aparato legal de normas a cumplir, con premios y castigos, nos habría dado un texto instructivo, como las instrucciones de un electrodoméstico, o una legislación para la Humanidad. Y si quisiera persuadirnos o convencernos, Su texto sería argumentativo. Y aunque de eso hay un poco aquí y allá en lo que llamamos Biblia, la verdad es que lo que Él ha hecho llegar a nuestras manos es especialmente narrativo (se cuentan acontecimientos del pasado), poético y lírico (verdaderas joyas), descriptivo, dialogado, premonitorio de una época hacia otra (profético), únelo a lo primero, si consideras que la Biblia es solo una y es sagrada, y dime a ver qué tenemos en las manos, desde el punto de vista espiritual y de fe. Los evangélicos la llamamos la Palabra, Palabra de Dios, toda ella, sin diferenciar en ella las palabras de Dios que aparecen de las que no, porque todo el texto es para nosotros sagrado, de pe a pa. Y, sin embargo, no parece un libro para leerse así. La Palabra en la Biblia suele ser la Ley, al parecer, cuando se habla de las Escrituras la referencia es a la Ley de Moisés. "Toda la escritura es inspirada por Dios", ¿a qué se refiere? Tengo la impresión de que hemos construido un mito acerca de la Biblia y su imagen proyectada, sacralizando el libro en sí mismo, más que como un instrumento. De ser así, tenemos problemas muy serios. Ya lo dije, no dispongo de tiempo, pero podría mencionar a vuelapluma algunos de momento, y son serios, serísimos desde esta perspectiva. Por ejemplo, el qué sí y qué no. Para nosotros es muy fácil concluir que Dios desaprueba la esclavitud por mucho que en Deuteronomio el mismo Dios dé instrucciones acerca de ellos (claro, pero es que en esa época los había y Dios estaba haciendo de su pueblo el más benévolo de entre los que tenía alrededor, regulando y aliviando la tremenda carga de estas personas, a las que obviamente también amaba, aunque las otras culturas de alrededor también iban haciendo lo mismo, cada una a su modo), para nosotros ese pasaje de Deuteronomio no tiene vigencia, aunque se encuentre en la Biblia; e igual, digamos, pasa con la poligamia, es que había que repoblar la Tierra (que ahora está superpoblada, tal vez sea más santo usar preservativo que no, más cristiano ahora, la orden de llenar el Planeta de seres humanos está cumplida, ¿no te parece?, esta idea no es mía, es de Fasold), eso de la poligamia Dios lo toleraba pero nosotros no creemos más que eso, nos hemos construido esta historia: que Dios no lo veía bien, como la esclavitud, pero que lo toleraba porque era cuestión de la época, era costumbre en ese allí y entonces, y al menos intervenía para que, dentro del marco legal humano que regulaba el matrimonio entonces (con varias) hubiese el menor perjuicio posible, toda esa historia nos hemos inventado, para poder ver que Jacob no está en el infierno por ser polígamo pero tú sí si lo eres, o al menos tendrás castigo o algo así, y ese es el problema de la extensión del Evangelio en Senegal, uno de los problemas, y las pobrecitas esposas de pastores allí, al estar solas, sin coesposas, cargan sobre su sola espalda el trabajo de cuatro. ¡La poligamia!, ese privilegio de los poderosos, tener concubinas, igual en el Japón de la época Heian que en el palacio de David y Salomón: nota de poder y magnificencia, tener un harén, algo prohibido a los pobres, privilegio de reyes y emperadores, mujeres propiedad, a las que había que tomar si conquistabas, tomar las concubinas de David para sí, usurpado el poder, era lo que había que hacer para demostrar ese poder, igual que cargarse a opositores, en Israel y en cualquier parte. Son dos ejemplos. Es que eso es el contexto. Eso es cultural, histórico. Eso no es stricto sensu "palabra de Dios", no es algo que Dios te diría que hicieras. Obviamente, por supuesto, estoy muy de acuerdo. Pero eso, que vemos claro con nuestra cultura, no otras cosas. ¡Incluso del Deuteronomio las mantenemos, aun sin ser judíos! Eso de la excepción por contexto o cultura, a lo mínimo. Lo del divorcio está entrando poquito a poco, a regañadientes, y porque no queda más remedio, por no decir más huevos (perdón), y aunque es palabra de Dios, la tenemos que enfocar, la tenemos que entender, la tenemos que adaptar, tenemos que ir al original, hay que entender el contexto, ... ¿Quién selecciona qué temas sí y qué temas no, para hacer esto? Es normal que haya varias teologías dentro de las iglesias evangélicas, denominaciones, enfoques, líneas doctrinales, incluso opuestas, desde temas que van sobre el fin del mundo o el sexo de los ángeles hasta qué comer o cómo casarte o regular tu comportamiento sexual o tus relaciones familiares. Es muy normal. Porque Dios no nos ha dado un texto expositivo-instructivo-legal-administrativo-argumentativo, así que... Es lo grandioso y maravilloso de la Biblia, para mí, quiere que pienses, que reflexiones, que observes, que busques a Dios con sencillez, en espíritu y en verdad, y no con tantas zarandajas reliadas a partir de una endogamia lectora muy viciada. Vamos, creo yo. Por eso, la perspectiva de algunas Iglesias de Cristo es a las que más cercano me siento ahora, a decir verdad: mejor mirar a Jesús, es lo único que importa, y buscarle a Él. Cuando encuentre lo que decía S. Stuart Park, en sus meditaciones del libro de Job, de cómo saber si algo es palabra de Dios o no, las pondré aquí: son muy sensatas y tienen todo el sentido. El libro de Job... ¡qué bien nos enseña lo mal que puede ser usada la verdad, la misma Palabra de Dios, cuando se pierde de vista la necesidad y el valor humanos, lo que enardece eso al mismo Dios!   

      Yo no quiero llamar a toda la Biblia la Palabra nunca más. No niego que contenga palabra de Dios, pero no que toda ella lo sea, y menos así. Lo de Sola Scriptura estaba muy bien para quitarse de encima cargas y cargas de siglos de tradiciones externas, algunas paganas, otras impuestas por este o aquel, como hacían igual los fariseos, los que mejor conocían las Escrituras, que añadían, y añadían, y añadían... Por ahí, bien. Pero no nos hemos dado cuenta de dos cosas, a mi entender, que me hacen poner en cuestión la otra cara, el reverso, de esta Sola Scriptura: que desde el XVI nosotros también la estamos recubriendo de tendencias, interpretaciones, supersticiones y tradiciones, de un lado, que además muchos quieren conservar, y el concepto acerca de qué es la Escritura y qué significa exactamente que se quede ella sola. La propia Biblia da como citas de autoridad libros que han quedado fuera del canon, como el de Enoc; Enoc no es libro sagrado, pero alguna que otra enseñanza suya sí, al quedar como versículos de autoridad en el canon por mención de otros, que lo consideraban con esa autoridad. La propia Biblia, con esto, con ese Santiago, con ese Eclesiastés, ya te hace pensar bastante acerca de ella misma. Si no lo haces, es porque un punto inamovible de tu fe es que esta Biblia, este canon y no otro, y para más inri en toda su integridad y en algunos en toda su literalidad, como una Ley, es inspirada por Dios y no hay que discutir del tema. Bien, esa es tu fe, ya ahí qué decir... El musulmán honra y reverencia el Corán de igual modo, con sus muchas tendencias a su vez, el Islam, y la otra religión del libro, la más antigua, la hebrea, va a discutir con la tuya mucho acerca de la Palabra y la Ley, pero mucho, no creo que a un ortodoxo judío le haga mucha gracia los añadidos que hemos incorporado, por más que tú te sientas cercano a él y le muestres simpatía y, a veces, te dé el arrebato de creer que eres una especie de neojudío, una continuación de ellos, ahí aprendiendo hebreo bíblico y con cuatro lecciones te crees ya más espiritual, te coge un rabino de ahora y el meneo que te da es supremo, un tremendo reboleo escriturario que me encantaría contemplar, campeón, para reírme, no lo niego, no las vas a ver venir, tanto rollo, nunca mejor dicho.

      

domingo, 14 de agosto de 2022

MI CRISTIANISMO EVANGÉLICO A PARTIR DE AHORA Y HASTA NO SÉ CUÁNDO, ¿CÓMO SABERLO?

 Hoy es domingo y subo, después de tanto tiempo, a mi aposento alto, un lugar con demasiado olor a humedad y a cerrado, habría que airearlo, pero al fin me encuentro aquí. Mi intención es ir a la iglesia, después de tantos meses, pero con el coche con un kit de embrague que debe cambiarse entero, podría ser que no, aún está por ver, es un peligro ir en ese coche. Si al final voy, voy muy distinto a la última vez, a todas mis otras tantas veces.

     Subo al fin para poner en claro y negro sobre blanco cuestiones muy personales y de gran calado y profundidad que tienen que ver con mi fe y su puesta en práctica, y su interiorización. Vienen de largo, de muy largo, ahora me doy cuenta, no son peregrinas ni surgen como las setas, que tampoco lo hacen sin un proceso. Tanto las experiencias personales, muy probadas, las observaciones en otros, de muchos años, el razonamiento con el cerebro, con sus dos hemisferios, y el corazón, dentro y ahora en la mano, como mi vida de fe, nunca ausente, me traen aquí. Es obvio que un terremoto vital como un divorcio indeseado y traumático tiene bastante que ver, pero es de agradecer: como todas las crisis, traen grandes beneficios cuando las superas; como todos los terremotos, dejan, una vez que pasan, en la superficie algunas cosas que estaban bajo tierra. Mi divorcio, este divorcio en particular, ha interactuado muchísimo con mi vida espiritual y cristiana, en muchos sentidos. En primer lugar, y antes de que sucediera, me puso a prueba en muchos aspectos personales, ocultos y atrofiados. El temor de entonces, y el que vino después, la incertidumbre de lo que iba a ser de mí y mis hijas, la pérdida que, especialmente el primer año, creí momentánea de la persona que tanto amaba  y su situación psicológica, personal y espiritual que yo creía ver en ella (percepción muy personal) y otras cuestiones me hicieron volcarme mucho en mi fe tal y como la entendía entonces. No he orado tanto en mi vida como en estos casi cuatro años, ha sido increíble. Practiqué el ayuno con una tristeza de inundación muy sofocante, creía ahogarme día tras día. Leí mucho, no sólo la Biblia, buscando explicación, respuesta y guía, también consuelo y esperanza. Las respuestas, que en boca de algunos, o en sus dedos al escribir, parecían siempre muy claras, no lo eran, no llegaban al punto de la verdad; realmente, nadabas en dudas y suposiciones, en un hilado tan fino que a todas luces se veía muy artificial y queriendo ajustarse a moldes previos de aseveraciones generales, que tenían que aplicarse a todo, a veces era un sinsentido, cuando, además, la ausencia de texto bíblico era notoria, y si no ausencia, escasez, un recurso que había que dosificar y aprovechar como el agua de una cantimplora en el desierto. A lo largo de este tiempo, he podido leer la Biblia de muy diversas formas, en progresión. Y ese tema, al vivirlo, te hace ver ya los demás temas de igual modo, no puedes leer la Biblia igual. Por otra parte, no paraba de encontrar aquí y allá listados de oración de mi ahora ex mujer, de diferentes etapas. ¡Era increíble la falta de amor, por ella, por mí, por lo que fuimos, que llegué a encontrar, y las afirmaciones de lo más peregrinas y ridículas que me tenía que echar en cara, las que más duelen! Esto de la falta de amor, de comprensión, cuya manifestación más terrible es la indiferencia, fue lo peor. Lo de no orar por ella lo entendí desde el punto de vista psicológico: yo afrontaba un duelo, un duelo por una pérdida, orar por ella era contraproducente, acordarse, impedía, yo agradezco ese consejo y agradezco a las dos personas que se ofrecieron a hacerlo por mí, sé que lo hicieron, al igual que agradezco a la persona que se echó a sus espaldas mi petición de atenderla, ella es una mujer amorosa y fiel, comprensiva con la condición humana, lo agradecí en su momento y a día de hoy lo sigo haciendo. Aunque a nivel espiritual, digamos, me parecía incomprensible. Me parecía injusto, además: al fin y al cabo, yo, por ser evangélico de segunda generación, tenía a gente orando por mí, por mí, ella se quedaba sola. Como siempre estuvo, como siempre estuvimos, a decir verdad, solos, en realidad. Porque esto, lo que estoy diciendo ahora y lo que diré después, no viene de ahí, viene de mucho antes. No es de extrañar que ahora yo llegue a decirlo, a dejarlo ya manifiesto. Este será, digamos, mi segundo testimonio. El primero lo di con catorce años en las aguas del bautismo, las del río Tiétar, en Cáceres. Este segundo lo doy aquí, en las aguas de la prueba, ya en calma. 

     Siempre tuve la satisfacción de la conversión de mi ex esposa por mi testimonio. Ella se convirtió, sí, es salva, es hija de Dios, eso es innegable. Y a partir de ahí, la soledad, solos ella y yo. A nadie le importó nada, a decir verdad. Es normal: los más cercanos son de cultura evangélica, no se dan cuenta, le presuponen a ella un bagaje que no tiene. Sin iglesia desde el noviazgo, sin iglesia durante nuestra primera etapa en Extremadura, ni ella ni yo dejamos de orar, de leer, de creer. Ella lo hacía en privado también, ya lo he dicho, todavía salen de aquí y allá sus listados de oración, su Biblia está subrayada, ¡qué puedo decir! Al parecer muy cristianos no se nos veía, eso me dijeron luego, cuando estás débil muchos te dicen lo que les da la gana. Yo los perdono, somos humanos, no puedo poner la mano en el fuego de que yo no haya hecho lo mismo en otras ocasiones; no lo recuerdo, pero no puedo afirmar que no lo haya hecho. Como no se nos veía mucho en la iglesia... Las enfermedades de mis bebés, mi impericia con el coche, todas esas cosas no se ven. Los problemas internos que afrontábamos no se podían saber ni yo los voy a revelar. Lo que esperábamos encontrar allí y nunca se nos dio tampoco lo digo, que no parezca esto ahora una rabieta, que es peor. Pues ojalá no hubiésemos sido tan cristianos, al menos habríamos disfrutado más y mucho mejor de tantas cosas tan buenas sin paranoias ni historias, sin expectativas de lo que no había ni hay. Ahora lo contemplo todo, ¡y hay tantos filtros y tantas contradicciones, tantas, tanto forzado!

     Y después, de no ser por mi tremenda necesidad de orar por una mujer, que era prácticamente lo único que yo podía hacer, yo lo habría dejado, seguramente desesperanzado. Pero, claro, para orar con fe tienes que creer en un Dios vivo, si no... Y eso me salvó, por los pelos, me salvó: mi necesidad de arrodillarme día tras día con listados inmensos por ella, por mis hijas, por las situaciones angustiantes, eran dos libretas, yo oraba con dos libretas delante, tachaba las peticiones contestadas, las no contestadas, ..., meses así, hasta febrero de este año. En febrero de este año, no solamente no he vuelto más a la iglesia tan amable, de verdad, y amorosa que nos acogió y me acoge, dejé de orar, salvo por dos o tres peticiones por enfermedad, muy puntual. Pasé de estar entre dos y tres horas diarias, más bien nocturnas, así, a nada, a nada de nada. Cuando llegó la calma, y la solución parcial y progresiva de los mil frentes abiertos, agradecí y cesé. Y he descansado.

     Esta es solamente una introducción. Ahora voy al tema que realmente me interesa. Creo que va a ser algo así como un credo, sólo que en este caso, un credo y un non credo. Personal, claro está, no quiero hacer prosélitos de mí mismo a nadie; personal, por supuesto, sin miedo a equivocarme, seguro que me equivoco en muchas cosas, como todos lo hacéis, si solamente lo que quiero es revelar lo que hay en mí, tal vez como una forma de aclararme y sincerarme a un tiempo. La verdad, los convertidos de segunda generación o más, no los pescados directamente del mundo, tenemos ventajas e inconvenientes, para según qué cosas, y salvando las distancias, podemos ser como los judíos, que los hay incluso ateos pero no dejan de ser judíos, y no solamente por sangre, sino por cultura. No hablo aquí de Cristo. Ni siquiera de cristianismo. Hablo del apellido, "evangélico". Voy a reflexionar sobre el cristianismo evangélico, tal y como veo que me afecta, y en el punto en que está en mí en este momento. Tampoco quiero trazar aquí su historia como parte del protestantismo que es, no es el tema; los evangélicos son (somos) una rama del protestantismo, imagino que la mayoritaria ahora si descartamos a los anglicanos, no sé cómo andará esa proporción, o si ya "evangélico" se usa como sinónimo de protestante, en realidad me da igual. Y los protestantes son una escisión de la iglesia católica, en términos históricos hablo, de ahí sale, literalmente, se salen, protestando de muchas cosas. Pero ya digo, eso no es de mi interés aquí.

      Para mí, ser evangélico implica, o implicaba, varias cosas. Se interrelacionan pero se pueden separar. Entre otras, las tres en que me focalizo: doctrina fundamental, cultura y práctica eclesial, y de comportamiento y de valores.

     Yo la doctrina fundamental la creo como la creí desde el principio. Y esa es la realmente importante, lo demás parecen añadidos a su lado. Esa doctrina fundamental se puede sustanciar aún más a lo que C. S. Lewis llamaba mero cristianismo, pero bueno, la doctrina fundamental que predican las iglesias evangélicas es en la que creo. Un Dios uno y trino, Jesús divino y humano, la salvación por Él, por su sacrificio en la cruz y su resurrección, en la que creo. Creo. Será bastante absurdo venirme, tras leerte todo el artículo, como a reprenderme o reevangelizarme con versículos que ya me sé de memoria y con discursos que conozco desde pequeño, tal vez bastante mejor que tú. Tienes mucho mundo al que evangelizar, no pierdas tiempo conmigo. Ya he dicho que creo, y soy salvo, no tienes que preocuparte por mí. Y soy viejo ya para esto; yo estoy muy convencido de que voy al cielo, pero si resulta que ahora voy de cabeza al infierno, te digo algo: eso ya es cosa mía. Tal vez sí debieras preocuparte por ti mismo si te viene esa tentación, de acercarte a mí con ciertas palabras, tan callado todo este tiempo cuando bien que necesitaba otras, o que necesitábamos otras, depende, llamar fatuo a un hermano trae condenación, como bien sabes, teme y ten cuidado, cuida tu salvación, hermano, y despreocúpate, que de la mía ya me hago cargo yo. Si eres evangélico sabes de qué te hablo y sus versículos de referencia. No admito esos desplantes ya, de nadie. Yo también lo sé hacer, y me parece terrible. 

     De la cultura evangélica no me puedo sustraer, es la mía. Es como lo de ese judío ateo del que hablaba antes. Yo he sido criado así, y de forma muy abierta, he de decir, no tengo derecho a quejarme. A diferencia de otros, a mí nunca me ha impedido conocer y entender el mundo, ni lecturas, ni música, ni nada así, como sí sé que sucede en otros hogares. Ahí, la verdad, sí que estoy bien agradecido. Para mí, mi infancia es excepcionalmente buena, la repetiría una y mil veces, siempre que naciera si existiera la reencarnación. No hay nada de opresión y represión ahí, en mi caso, también seguramente porque al estar aislados en un pueblo extremeño tantos años, siendo prácticamente los únicos evangélicos no gitanos, que van y se reúnen aparte, pues puede ser que me haya librado de presiones tontas, no lo sé, eso tenía sus ventajas y también muchos inconvenientes del otro lado. Si algo me ha lastrado, me ha impedido o me ha hecho daño de la cultura evangélica, será más bien porque yo me lo he impuesto a mí mismo, nada más. No habría más culpable que yo mismo, y, de otra parte, y siendo justos, más veo ventajas que inconvenientes ahí, sobre todo en los primeros años de vida, los de formación, al menos la que a mí me ha sido transmitida, ya digo, mi hogar y mi familia extensa nada tienen que ver con el imaginario popular, de ese predicador de patatas McCain. Aunque los hay, no vamos a mentir, pero yo creo que en España, en el cómputo global, tienen que ser minoría. Bueno, a día de hoy, espero recuperar pronto con cualquier interlocutor mi lenguaje laico, es decir, normal, natural, el que siempre he tenido hasta mi crisis.

     Lo último de lo que quería hablar de ser evangélico, que no cristiano a secas, lo que he llamado vida eclesial (y ahí sí que influye mucho la denominación de tu iglesia, y las personas que están, tengan cargos, perdón, ministerios o no, y su línea), la de comportamiento (lo que se viene a llamar alegremente "vida cristiana" o "andar en los caminos del Señor") y de valores, yo de ahí me aparto, me aparto entendido como un bloque, un conjunto de normas y pautas todas dadas en conjunto. Eso significa que no me aparto de muchas, sino de todas dadas en bloque. Es por ello que últimamente digo que soy un cristiano evangélico no ortodoxo: eso me lo he inventado yo, no he tenido mejor manera de expresarlo. Y a partir de ahora, y mientras no las pruebe una por una, y mi tiempo me va a llevar, las desecho, como mínimo se quedan en stand by. Tengo 46 años y no estoy para bobadas, ni para mentiras, ni cargas, ni estupideces que me impidan desarrollarme o ver bien el horizonte. Lo siento, pienso así. Los motivos los puedo desarrollar, me costaría mucho tiempo. En la base está el concepto acerca de la Biblia, las tradiciones arrastradas de morales laicas que imperaban en otra época y se dan por sacras, las malas lecturas de la Biblia, la mala traducción o interpretación de determinados pasajes, la imposición grupal, los callejones sin salida a los que se llega y no se quieren resolver, las cargas tipo fariseo que se imponen a los demás o a uno mismo, el legalismo, las paradojas, las inercias, buenas o malas, la falta de lectura del espíritu más que de la letra, las cegueras voluntarias, lo que se da por bíblico que no aparece en la Biblia por ninguna parte, y más asuntos así.


Dicho queda, quiero descansar. 

    


domingo, 12 de septiembre de 2021

BENDITAS CONTROVERSIAS: PENSAMIENTOS SOBRE MARCOS 2

 

Soy cristiano porque creo en Jesús, y a Él debo mirar, y es a Él a quien quiero seguir, de quien quiero aprender, a quien deseo obedecer.

     De principio a fin de su vida aquí, sus obras y sus palabras nos demuestran autoridad y amor. Si Él vino fue por nosotros, ¡fíjate!, ¡por nosotros! Obsérvate, yo me examino: ¿por mí?, ¿por ti? ¡Vino a salvarnos! A rescatarnos. A que pasemos de muerte y ceguera a una vida nueva llena de luz. A liberarnos, quitarnos cadenas, ríe con nosotros cuando reímos, llora con nosotros cuando lloramos, a devolvernos nuestra dignidad humana que habíamos perdido. Y es, sin duda, un camino que tomar, el camino, Él mismo lo dijo de sí: YO SOY EL CAMINO. 

     Seguirle a Él no solamente nos libera del pecado y sus efectos denigrantes  y dañinos sobre nosotros mismos y los demás, sino que nos libra asimismo de las cadenas y el peso de la religión, aun cuando esta religión fuera el mismo judaísmo. Ni una coma ni una tilde de la ley pasarán hasta cumplirse: precisamente Él vino para cumplir la ley y los profetas (vid. Mt. 5: 17-20); Él la cumple y la completa, revela su verdadero sentido; gran parte de sus palabras en el sermón del monte nos revela su verdadero espíritu yendo más allá, llegando a la intención, trascendiendo con mucho la aplicación literal que se le daba en su época. De la religión de normas inflexibles, de aprensivos ritualismos, costumbres, imposiciones, presiones sociales, reglas por encima del individuo, de sus necesidades, de sus circunstancias, de su valor humano, Él nos libera, bien vengan de un sistema o de los demás hacia nosotros, o de nuestro propio interior. Él nos libera, cumpliendo de ese modo la ley de Dios, que es nuestro bien, nuestro verdadero bien, aunque así dicho nos parezca una paradoja. 

      El epígrafe con el que algunas biblias titulan los capítulos 2 y 3 del Evangelio de Marcos es "Los actos de Jesús suscitan controversia" (¡y tanto!), una controversia que a algunos escribas llevó a algo más que indignación, como se ve en el capítulo 3, al acusarle de echar fuera demonios por Beelzebú (3: 22). Sus actos de autoridad, amor y liberación para los hombres (liberación física y social: sanidad, curar enfermedades; liberación psicológica, social y espiritual: echar fuera demonios; liberación también espiritual y de sobrecarga moral, de remordimientos y culpas: perdonar pecados) chocaban con la moralidad y religiosidad de entonces, y de hoy, y esto se ve de principio a fin de cada evangelio. Un verdadero escándalo, en el capítulo 2 de Marcos, fue que perdonase los pecados de un paralítico, al que sana para que sepamos todos que Él sí tiene potestad de perdonar pecados; llamar para que le siga a un "despreciable" publicano, Mateo, que será uno de los doce, y estar en compañía de pecadores (los "justos" quedan excluidos de su llamamiento); no permitir ni fomentar el ayuno entre sus discípulos, práctica asociada a la tristeza; y hacer notar que el día de reposo fue hecho para el bienestar del hombre, y no el hombre para ser esclavo de ese día. Él está cerca de quien quiere estar con Él, y habla a los que quieren escucharle, sin discriminación; y las prácticas religiosas tienen un sentido, y obran para su bien, en lugar de constreñirle o limitarle o practicarse porque sí, como el ayuno o descansar el día oficial de descanso. Una mentalidad bien distinta a la religiosa de aquel entonces, y la de hoy. Pero Él ya lo dijo, el vino nuevo no se puede servir en odres viejos (Mr. 2: 22); seguir el Camino no encaja en absoluto con el molde de legalismo, cumplimiento de normas per se, ritualismo, religión. Seguirle a Él es estar en su compañía, hacerle caso (Mt. 7: 24-29), escuchar sus palabras, descansar en Él, y este vino nuevo que probamos debe beberse en odres nuevos, en una nueva perspectiva, una perspectiva que no debemos perder, pues parece que llevamos en nosotros una tendencia a eso de ganarnos el cielo con el cumplimiento de normas en lugar de amar y obrar en consecuencia con ese amor, no sé si es innato, pero el caso es que el vino viejo nos sabe mejor (Lc. 5: 39).

     Si eres cristiano como yo, te invito a mirar a Jesús y buscarle a Él, y sólo a Él, con rechazo de ese mismo legalismo y religiosidad que tantas veces nos tienta y nos domina, bien mirando al Antiguo Testamento, bien haciendo una Ley refundida mirando al Nuevo, o a nuestro propio parecer. El legalismo, ese interminable y difícil listado de cosas que se deben y no se deben hacer, puede tomar muchas formas, no solamente el Pentateuco y las tradiciones de los judíos de la época de Jesús; a mí me ha llamado mucho la atención cómo se toman como normas las obras de la carne y el fruto del Espíritu de Gálatas 5, cuando previamente este capítulo está tratando de cómo el legalismo amenaza la libertad en Cristo, y antes de pasar a las dos listas se nos dice en el versículo 13: Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. Pero tenemos la tendencia de que lo descriptivo (lo que son obras de la carne, lo que es fruto del Espíritu) se transforme en normativo, algo, a mi entender, muy carnal. Este legalismo que nos aleja de Cristo también puede venir de fuera de la Biblia: tradiciones, costumbres o pareceres de época. No conviertas lo que te hace bien, por los efectos y el sentido que tiene, en simple norma a cumplir, da igual que sea leer la Biblia, ofrendar, ir a la iglesia u orar, y mucho menos motivo de reproche o condenación, a ti y a otros. No idolatres el procedimiento ni el instrumento, simplemente úsalos, son un privilegio, no los conviertas en una cáscara.

     Y si  no eres cristiano, te invito entonces a buscar a Jesús y encontrarte con Él, y sentirás ríos de agua viva corriendo en ti.




viernes, 9 de octubre de 2020

¿ESTUDIAR LA BIBLIA ME HACE MEJOR PERSONA?

 SOBRE UNA CITA DE THOMAS JEFFERSON


Captura de pantalla de un estado de whatsapp

He visto circular recientemente por estados de Whatsapp, Facebook, e imagino que estará en otras redes sociales, una cita del presidente estadounidense Thomas Jefferson acerca de la Palabra: 

Siempre he dicho y diré que el estudio de la Biblia hará mejores ciudadanos, mejores padres y mejores esposos. 

Y, ¿qué cristiano evangélico no la suscribiría con entusiasmo? Yo lo hago. La Biblia es una fuente inagotable de sabiduría y consuelo, de guía  y enseñanza vital, de descubrimiento y desarrollo espiritual, y, a la postre y sobre todo, de desvelamiento de un misterio anunciado y al fin revelado: que el amor de Dios ha sido tal por nosotros que, a pesar de nuestro alejamiento de Él, ofreció a su Hijo para que, a través de su muerte y resurrección, pasásemos de muerte a vida, fuésemos salvados de nuestro oscuro destino espiritual sin Él, fuésemos acogidos, y no de cualquier manera, sino hechos nosotros mismos hijos de Dios por pura gracia, por el sacrificio de Cristo y su aceptación por parte de cada corazón creyente (Jn. 3: 16; Ro. 5: 8; ...). Pero hacia donde apunta la cita de Jefferson no es a la luz que ofrece la Palabra para acercarnos a la cruz y renacer a través del arrepentimiento y la aceptación de Jesús como Salvador de nuestras vidas, sino que más bien se dirige a la toma de valores bíblicos, en concreto en lo que se refiere a nuestro comportamiento y toma de decisiones a nivel social (mejores ciudadanos) y familiar (mejores padres, mejores esposos), y aquí, como siempre en estos casos, tal vez deberíamos examinar bien si con esta cita vamos a sostener valores verdaderamente bíblicos que llevar a efecto en nuestras vidas, o bien si la Biblia, o nuestra interpretación de ella, es la justificación para el sostenimiento de valores que caen fuera de los textos bíblicos, los que consideramos más morales sin atender a si la Biblia lo expresa así explícitamente. En todo caso, para ello ya nos dejó Jesús un principio muy básico y práctico que la resume: EL AMOR - amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo (Mr. 12: 29-31), que con Jesús incluye a nuestros enemigos (Mt. 5: 43-48), y cuya formulación práctica no es otra que la Regla de Oro: hacer con los demás lo que nos gustaría que hicieran con uno mismo (Mt. 7: 12). Esta máxima bíblica, auténticamente cristiana por salir de los labios del propio Cristo (que daba la vuelta al principio del maestro Hil-lel de "no hacer con los demás lo que no nos gustaría que hicieran con nosotros", comprometiéndonos a dejar de ser pasivos y poner en acción el amor a los demás), sin duda será la mejor luz para guiar nuestros pasos en las relaciones con nuestros semejantes.

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     Ahora bien, he de decir lo siguiente: como cristiano evangélico e incesante lector de la Biblia suscribo completamente esta cita de Jefferson, pero con la siguiente advertencia: cuida bien cómo lees e interpretas la Biblia, y cómo la proyectas desde tu corazón hacia tus convicciones y de ahí hacia tus decisiones de vida, no vaya a ser que sostengas como bíblicos (inflexibles) principios excluyentes que más bien pertenecen al ámbito de tu pensamiento personal, la tradición o moral de época, pasada o presente. Los mayores estudiosos de la Biblia por antonomasia de la época del propio Jesús eran los fariseos, a quienes, en general, Emanuel acusó en repetidas ocasiones de hipócritas (Mt. 23: 13, entre otras muchas referencias), y contra quienes el propio Jesús se encaró reiteradas veces, desvelando a sus oyentes el verdadero sentido de la Palabra. Así visto, esta cita de Thomas Jefferson no la puedo compartir. Una persona puede ser MUY ESTUDIOSA de la Biblia, conocer hebreo y griego, y hasta arameo, haber hecho cursos de Teología, y aun así estar muy lejos de ser considerada mejor, incluidos mejor ciudadano, mejor padre y mejor esposo. Sí creo que se hace mejor persona quien entiende la Biblia en su letra y en su espíritu, y la interioriza y la pone por obra de forma correcta (que no es necesariamente acogiéndose a costumbres y determinada ortodoxia, y por tanto inflexible, en su sentido popular, no etimológico); es decir, con HUMANIDAD, EMPATÍA y SENSATEZ, como el Hijo del Hombre trataba a los demás. 

     Nuestro modelo de buen ciudadano es el Señor Jesús, quien era un gran conocedor de las Escrituras y la usaba de forma adecuada. Al diablo, cuando lo tentó tras cuarenta días de ayuno, le rebatía especialmente con Deuteronomio (y el propio Satanás, para tentar, las usó también, esto da mucho que pensar). Quiero decir, el estudio de la Biblia es muy importante, es nuestro alimento espiritual. Gran parte de mi devocional diario consiste en acercarme a ella y extraer enseñanzas prácticas. Pero esa frase categórica de Jefferson no la puedo entender tal cual. Nos hará mejores padres siempre y cuando tengamos conciencia de qué es ser padre, tengamos como referencia a nuestro propio Padre, cómo nos ama, lo misericordioso y comprensivo que es con nosotros, cómo se preocupa y cómo nos disciplina siempre para que aprendamos, rectifiquemos para nuestro propio bien y conveniencia, CON AMOR, en definitiva, para que seamos mejores, que es lo que uno desea para sus propios hijos, y no para aplicar sobre ellos moldes que a la larga van a hacer que se alejen del Señor. Cuántos padres manejan la Palabra, estudian la Biblia, y tratan de meter en la cabeza de sus hijos sus propias ideas basadas en sus convicciones y su propia personalidad y tendencias que no tienen por qué coincidir con las de sus hijos, y al final éstos no quieren saber nada de lo que sus padres les quisieron imponer, asociándolo por condicionamiento a la Biblia, en la que sus padres basaban sus aseveraciones categóricas, rechazando así al propio Jesús.

     Y bueno, lo de mejores esposos es lo que peor veo. Yo creo que nos hará mejores esposos si atendemos muy especialmente al Cantar de los Cantares, igual que mejores ciudadanos, amigos, personas, si atendemos mucho, además de al ejemplo de Jesús, al libro del sufriente Job, cómo tres, al final cuatro, personas muy conocedoras, no de las Escrituras por no existir aún, pero sí de la teología ortodoxa, de grandes verdades acerca de Dios a las que, descontextualizadas, diríamos (y muchos dicen) amén. Pero la falta de condolencia, conmiseración y consuelo real, más que condena y llamadas a un arrepentimiento por pecados no cometidos de Elifaz, Bildad y Zofar, y al final Eliú, hacia el ser humano ante el que se encontraban, invalidó todo ese conocimiento tan mal aplicado, involuntariamente proyectado con fines diabólicos para terminar de destruirle. Cercanía, consuelo, amor, era lo que necesitaba Job de sus amigos, y con el manejo de principios y verdades sobre Dios no hicieron más que añadir sufrimiento y dolor a un ya extremadamente atormentado Job. ¿Fueron mejores ciudadanos estos respetables cuatro nobles varones? Desde luego, Dios no lo vio así cuando tuvieron al final que arrepentirse los tres primeros de sus palabras lanzadas como saetas sobre su siervo Job. Y, cuidado, ellos pensaban que esas palabras, tan firmes y claras teológicamente, era lo que necesitaba su amigo. Estaban muy equivocados, porque no conocían ni las circunstancias del propio Job, al que habrían hecho bien en escuchar con el corazón en lugar de llevarse las manos a la cabeza por sus expresiones de dolor y frustración al sentir que el propio Jehová le había abandonado, ni tampoco conocían su carácter, ni la fuente real de sus infortunios, y en definitiva por no darse cuenta de que lo que necesitaba Job eran amigos que estuviesen a su lado, que le acompañasen y le consolasen, en lugar de seres dispuestos a defender a capa y espada la aplicación de moldes que, en su pensamiento, eran lo que sí o sí iban a salvarle y ayudarle. Job no necesitaba, y Dios tampoco quería, que le acribillasen a máximas y principios, por muy rectos y de Dios que nos parezcan. Bueno, pues para ser buenos esposos yo no sé si Thomas Jefferson tenía en mente el Cantar de los Cantares con toda su libertad de expresión de sentimientos, toda su autenticidad emotiva tan lejana de principios y normas, todo su erotismo y pasión, y la entrega del esposo a la esposa y la esposa al esposo, que se les llama así, o más bien del hombre a la mujer y la mujer al hombre, de la pareja de enamorados. Somos mejores ciudadanos, somos mejores personas, pues por supuesto tendremos que ser mejores esposos, ¡tendremos que ser mejores todo! Cierto que en la Palabra se dan, en el Nuevo Testamento, especialmente en epístolas de Pablo, determinadas normas que, como todas las normas, no deberían tomarse sin excepción y de aplicación inflexible para toda persona, circunstancia y momento, sobre las obligaciones del marido y las obligaciones de la mujer, las obligaciones de los hijos y las obligaciones de los padres. Nos sirven de guía, por supuesto, pero no olvidemos que se deben aplicar con amor y humanidad, en base a los argumentos del principio, de una Ley Superior, la del Amor, tal y como se aplican las leyes en derecho. 

     Entonces, ese sesgo conservador que observo en Thomas Jefferson, quien no es de nuestro siglo ni mucho menos, no me gusta, no me parece, pero en general sí tiene razón: una persona que es temerosa de Dios y que estudia la Palabra, y que le busca, entre otras cosas, a través de su Palabra, pues por fuerza ha de ser mejor ciudadano, mejor padre y mejor esposo, y mejor todo: mejor profesional, mejor amigo, mejor hermano, ...



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Texto: José Alfonso Bolaños Luque











DESPUÉS DE TANTO TIEMPO, SUBO A MI APOSENTO ALTO...

REFLEXIONES, MEDITACIONES Y ORACIONES TRAÍDOS DE UN PASADO PRÓXIMO, ENCAMINADO A UN PRESENTE FUTURO (I)




INTRODUCCIÓN


Después de tanto tiempo, subo a mi aposento alto. Me refiero a este, al de este blog. Al más íntimo, no he dejado de subir, ¡nunca he subido tanto!, como en estos dos últimos años.

     Vengo hoy a dejar constancia de algunas reflexiones, meditaciones y oraciones, a veces un tanto modificadas, de hace dos años, de 2018, un extracto de mi libreta roja de emergencia de aquel año difícil y a un tiempo fructífero, por tantas cosas... No lo hago con idea de aferrarme al pasado; al contrario, he decidido no mirar esa libreta más. Mi idea es cerrar definitivamente el pasado (en este cuaderno ya se ve que lo hacía), para encaminarme con decisión hacia lo que me está preparado en base a mi propio presente. Todo en relación a un refugio seguro al que acudí en tiempos de tormenta y una confianza firme; a un proceso de restauración que, creo, está terminado, con capítulos siguientes que me era imposible siquiera intuir en aquel entonces pero que el Señor me tenía reservado para mi sorpresa actual y futura. Él me demostró entonces cómo actúa por fases, paso a paso, en los que confían en Él, y me lo demuestra ahora: y quedo expectante en ver cómo Él termina los procesos que ha iniciado - en mí y en otras personas; alguna que entonces no conocía.

     Aunque muy personales, espero que sirvan de algún provecho a aquellos que, entrando en mi aposento, quieran tomar de aquí.

REFLEXIÓN: EL QUE HE DE SER

(texto base de 05/06/2018, con modificaciones al presente y añadidos de otras partes del cuaderno rojo)




Si pierdes tu cielo, perderás también tu tierra 
(Sra. de Cowman, en Manantiales en el desierto, II, de 18 de junio)

Los que los creyentes venimos en llamar, no sé ahora si acertadamente, "gente del mundo" (1) viven, obviamente, sin Cristo y desarrollan sus vidas sin tenerle en cuenta: perogrullada. Lo necesitan para ser salvos, para reconciliarse con Dios, para albergar al Espíritu Santo y... ¡renacer! Cuando observo estas necesidades, entonces me doy cuenta de lo privilegiado que soy. Pero ellos, claro, mientras tanto, viven sus vidas y tienen sus esquemas de valores. Y se desarrollan como personas, unos de una manera, otros de otra. Y los hay que prosperan: que son honestos, que son buenos padres, que saben mucho, que se divierten de verdad, que disfrutan (de cosas sencillas, de cosas elaboradas o de perversiones), que tienen claras las ideas, que viajan, que tienen don de gentes, simpatía, amabilidad, carácter, que son simpáticos, que practican muy bien el sexo, que ven las cosas claras, … Por supuesto, gente razonable, sensata, coherente, sencilla, … en base a sus valores, como los hay deprimidos, caóticos y que van a la deriva. Personas que observo con unas virtudes que yo no tengo .
     Los que hemos creído en Cristo hemos nacido de nuevo, y vivimos una vida nueva, con la vista puesta arriba y siguiendo las huellas de Jesús. Y, por supuesto, nuestro sistema de valores se basa en Él. Somos transformados y nuestro entendimiento debe renovarse. Pero eso no significa que nuestro desarrollo en el resto de áreas se anule o quede disminuido con respecto a "los del mundo". ¡En absoluto! Nosotros también nos deprimimos, perdemos los nervios o somos aburridos de solemnidad como podemos ser, igualmente, tranquilos, divertidos, inteligentes, etc., etc. ¿Cómo que no? ¿Por qué no? Siempre con la vista en ser obedientes a Cristo: todo me es lícito, aunque no todo me conviene (1 Co. 10: 23). Podemos disfrutar (¡y con agradecimiento!), opinar, competir, ...
     Tal vez el problema pueda ser la doblez, el doble ánimo, la contradicción interna: DISOCIAR. Puede que nos sintamos indignos y demos por imposible servir a Dios, y serle agradables, y entonces ese pensamiento unido a cierto pesimismo o falta de autoestima nos incapacite en doble sentido: en verdaderamente servirle y desarrollarnos espiritualmente en libertad, agobiados por este pensamiento, y por otro lado, en que todas nuestras potencialidades (de disfrutar, de hacer, de saber, de ser) se empaqueten inutilizadas y se queden guardadas cogiendo polvo.
     La amargura, la queja, la frustración consentida machacan: impiden desarrollar de verdad la vida espiritual y el crecimiento personal en todos los ámbitos (corporal, social-relacional, laboral, académico-intelectual, creativo, de pareja, familiar, …), y bloquean: sumergen en debates internos sin solución, ahogan en vasos de agua y en océanos sin horizonte. Y, entonces, ni siquiera sabes lo que quieres.
     ¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Y quién puedo llegar a ser? Porque el hecho de que me aferre fuertemente al Señor no quita que, si como mal, engordo; que, si no practico con mi bajo eléctrico, toco mal; que, si descuido mi profesión, iré mal en mi trabajo. Pero al mismo tiempo, esto está claro: que me es imposible desarrollarme como persona EN PLENITUD sin Él, sin tenerlo en cuenta, sin ser minuto a minuto cristiano, hijo de Dios, porque es lo que soy, y lo soy desde hace tanto tiempo...
     Dios es mi Padre y solo quiere lo mejor para mí. Suscribo las ideas de Siegel y Bryson desarrolladas en El cerebro del niño de que hay que mantenerse en la corriente del río de la vida sin encallar, ni en la orilla del caos, ni en la de la rigidez. Y creo firmemente que mi Padre no me quiere pecando y haciendo las cosas solamente a mi manera, pero tampoco quiere que me paralice y se escape el tiempo y la vida entre mis dedos. Tengo que ser un mejor Alfonso, el mejor Alfonso, sin contradicciones, ambigüedades y dudas. Y eso solo es posible con Él, pues Él es lo más importante. Los otros, "los de fuera", se desarrollan muy bien sin Él, estando necesitados de Él. Yo no. Yo no puedo. Porque si lo intentase, ese no sería yo. Y si he de "negarme a mí mismo", lo haré para seguir a Cristo, no para dejarlo de hacer.
     Como conclusión: SOLO PUEDO SER EL QUE HE DE SER CON CRISTO, solo puedo ser un (el) mejor Alfonso en todas las facetas de mi vida con Él, no aparte de Él. Es imposible otra cosa. Todas las facetas de mi vida pueden cambiar, más pronto que tarde, e interconectándose, puedo abandonar muy malos hábitos, puedo despertarme y desarrollarme como persona, pero solo en Cristo. Sin ninguna contradicción con Él. Dejando que Él enseñoree y controle. Solo encontrando al Alfonso creyente, orante, practicante, obediente y seguidor real de Jesús los demás Alfonso crecerán. Todos integrados, sin que existan dos listas de valores paralelas: uno para el yo cristiano y otro listado para el yo cuando no hace de cristiano. Esa disociación es la que no debe existir. 




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(1) Aunque entre los cristianos evangélicos nos entendemos en nuestra especial jerga, hoy por hoy esta denominación, tal cual, me parece en cierto modo un tanto despectiva o con connotaciones negativas, o al menos una expresión que puede ser malinterpretada. Me refiero a aquellos que no son nacidos de nuevo, que no han dado el paso de aceptar a Jesús como su Salvador y Señor y no han experimentado el nuevo nacimiento y la morada del Espíritu Santo en ellos.

Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: http://photopin.com/free-photos/

sábado, 24 de agosto de 2019

SER UN GUSANO

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LO QUE SIGNIFICA SER UN GUSANO

El verbo humillar viene del latín HUMUS, que significa 'terreno, tierra, suelo'. El lugar donde habitan las lombrices. Los gusanos no están exactamente en la superficie del suelo, sino en el suelo, dentro del suelo, bucean en el suelo, muerden polvo, comen barro: eso es humillarse y eso es ser humillado. Los seres humanos estamos hechos para caminar erguidos, pero venimos del polvo, salimos del HUMUS, y compartimos en nuestra propia naturaleza la dignidad de ser hechos a imagen y semejanza de Dios, con mayor gloria que los propios ángeles, la joya de la creación, y la suciedad y oscuridad del pecado, con instintos carnales que deshonran a nuestro Creador, absolutamente egoístas e incapaces, hasta el punto de acabar siendo y viéndonos como gusanos. Y hay golpes de humillación en la vida que nos tumban y reptamos y tragamos detritus en el suelo (no simplemente sobre el suelo), en el barro, en el lodo, en la lama. Lama, que a mí se me enseñó que era palabra prerromana, aunque el DRAE le da como origen el latín, tiene como primera acepción en este mismo diccionario: 'Cieno blando, suelto y pegajoso, de color oscuro, que se halla en algunos lugares del fondo del mar o de los ríos, y en el de los recipientes donde hay o ha habido agua largo tiempo'; lo que te da verdadero asco tan solo pisar si te metes en una charca o alberca. Es el lugar ideal para el verdín, por eso lama en en Colombia y México es 'moho', y en Chile, Colombia, Honduras, México y Puerto Rico es también 'musgo'. Los lugares con lama, por cierto, son fértiles: Egipto y Mesopotamia dependían de ella.
     La lama se opone, casi como un antónimo, a otra palabra prerromana, gándara, 'tierra baja, inculta, llena de maleza', pero, por extensión, un desierto: y caminar por el desierto será, sin duda, una experiencia de humillación; es otro tema. Yo estoy ahora con los gusanos, que viven en el barro húmedo, materia pegajosa que es mezcla machacada de muchas cosas, no es simplemente arena mojada, sino que, aparte de mierda, tiene mezclados muchos restos orgánicos diminutos o microscópicos de lo que en su día fueran cadáveres enteros. Ahí es donde vamos cuando somos humillados.
     Este artículo me lo ha inspirado, una vez más, Stuart Park (Desde el torbellino, p. 299; vid. nota 1 y única) y obviamente es impulsado por mi propia experiencia. Bildad habla en Job 25: 5, 6. Las palabras de los amigos de Job no son acertadas, están fuera de la voluntad de Dios al dirigirlas como dardos contra el sufriente, y por esas palabras, que tan limpias y justas nos parecen, habrán de humillarse ante Dios, en arrepentimiento, si no quieren ser destruidos. Ten mucho cuidado con tu ortodoxia y tus grandes verdades. Ten mucho cuidado con tus conocimientos. El Tentador y Acusador, el Ladrón y Homicida, sabe usar y usa hasta la misma Palabra. Lo ves en las tentaciones de Jesús en el desierto, lo ves en el mismo Job. No vaya a ser que dañes a hermanos más débiles y los pierdas con tu erudición, tus conocimientos o tus experiencias o sentimientos en el Señor. No vaya a ser que juzgues y ataques al que es más justo que tú. Tenemos que ser humildes, estar a ras de suelo al menos. La Palabra de Dios no es un molde que se aplica en todos los casos, no es un manual de derecho, no seas tan simple. Espero poder hablar pronto aquí de cómo muchos cristianos nos tomamos las obras de la carne de Gálatas 5: 19 ss. como si fuera una ley de aplicación autómata de lo que no hay que hacer, cuando la primera parte del capítulo trata, precisamente, de la incapacidad del ser humano, del hebreo en este caso, de cumplir con la Ley de Moisés, de una ley más excelente que es la de la libertad (que no es excusa para satisfacer los deseos de la carne, y ahí vamos...).
     Pero podemos extraer verdadera enseñanza de las palabras de Bildad y recordar lo que somos delante del Señor. Que nuestros días son cortos, porque a causa del pecado nuestros cuerpos se corrompen, envejecen, enferman y mueren. Que no podemos competir en excelencia y luz con la luna, el sol y las estrellas, siendo estas nada en comparación con el Señor. Park nos lleva a Romanos 3: 23: ¿Qué podemos decir delante de Él? No tenemos justificación, salvo en Jesús, porque no tenemos excusa y a Dios no podemos engañar. ¿Cómo engañar al que ve en lo secreto y conoce las intenciones del corazón?
     Y para esto, Jesús se tuvo que humillar hasta el punto que se expresa en el salmo 22:6:

            Mas yo soy gusano, y no hombre;
            Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo.

     Debemos crecer, ser edificados y edificar. El Señor levantará nuestras cabezas si nos humillamos ante Él. Pero también somos seres en perpetua necesidad de restauración. Estamos siempre "en obras" y, en muchas ocasiones, "fuera de servicio". Acabo como Park, con Ro. 8: 21, 23:

… porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. […]; y no solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestros cuerpos.

     Para el Señor, no somos gusanos. Somos verdaderamente preciosos a sus ojos. Por nosotros entregó a su Hijo. Él nos levantará, como levantó a Jesús de entre los muertos.

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NOTAS:
1. PARK, S. STUART: Desde el torbellino. Ediciones Camino Viejo. Primera edición, Valladolid, marzo de 2012; p. 299.

Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: photopin.com 


¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?

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SI DIOS ES POR NOSOTROS, ¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?

Esta frase condicional e interrogativa se halla en Romanos 8:31. Aparece en el contexto de la justificación por la fe en Jesús, y es lanzada como reto a sus lectores, pues es presentada en ese mismo versículo una pregunta que debe ser contestada en nuestras mentes y en nuestros corazones: ¿Qué, pues, diremos a esto?, y ese "esto" se refiere a la argumentación anterior y a la frase lapidaria: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? 47580668721 3d28b832ed
     Yo siempre lo he entendido, y lo sigo entendiendo, como una falsa condicional y una falsa pregunta. "Si Dios es por nosotros" para mí no ofrece dudas: ¡Dios es por nosotros! Está a nuestro favor en cuanto depositamos nuestra fe en Jesús, propiciación por nosotros para nuestra justificación, y expiados nuestros pecados. ¡Él nos ha dado a su Hijo! ¡Claro que Dios es por nosotros! Y luego, la pregunta "¿quién contra nosotros?" es sencillamente retórica, no espera respuesta, sino un asentimiento. ¿Quién contra nosotros, con Dios de nuestra parte? Nadie. Nadie puede vencernos ni hacernos resistencia con Él de nuestro lado: tenemos a Jesús a nuestro favor, Él nos defiende de todas las acusaciones, somos librados de condenación y muerte. La frase, así, se podría reformular de la siguiente manera: "Dios es por nosotros, no triunfará nadie que se nos oponga". Estamos justificados ante los ojos de Dios.

     Pero este versículo nos puede seguir beneficiando si observamos matices. Por ejemplo, si no tratamos la pregunta como retórica, sino como interrogación real. Y obtenemos varias respuestas.
     En primer lugar, si Dios es por nosotros, obviamente contra nosotros está el que se opone a Dios, es decir, Satanás. Él es el enemigo de Dios y, por tanto, ahora también es el nuestro. ¿Y qué hace contra nosotros? Pues está como león rugiente a nuestro alrededor, buscando nuestra debilidad para destrozarnos. Aquí en estas líneas de Romanos lo vemos como el Acusador: él es quien acusa a los escogidos de Dios ante Dios, pero Dios, el juez, está por nosotros, porque nuestro abogado defensor es Cristo Jesús, por eso todo este pasaje de Romanos nos tranquiliza y nos hace regocijarnos, y Ro. 8:31 podría convertirse en un lema que lo concentra, un versículo para tener en mente.
     El diablo, cuidado, antes de Acusador es Tentador: nos tienta para que caigamos, y una vez caídos, va y nos acusa. Es Mentiroso. Y es Ladrón y Homicida.
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     Por otra parte, encontramos otra respuesta a esta pregunta. Si te gustan los enigmas, te alegrará descubrir que la respuesta a esta pregunta está en la misma pregunta. Si dejas que resuene en tu mente como un eco, hallarás que la última palabra es la respuesta: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Nosotros". Nosotros mismos podemos jugar en nuestra contra, y de muchas maneras. Comenzaré poniendo un ejemplo personal muy doloroso, una experiencia muy amarga en mi vida. En las alianzas de mi esposa y mía teníamos este lema inscrito, en latín. En una ponía SI DEUS PRO NOBIS y en la otra QUIS CONTRA NOS? En la mía estaba la prótesis condicional y en la de ella la apódosis, que es la pregunta, justo al contrario de como las teníamos en nuestros anillos de compromiso. Por supuesto, le habíamos dado un sentido de pareja a este versículo, trastocando un poco su sentido original, pero manteniendo la base de que ella y yo éramos, y somos, cristianos. Ese nobis, ese nos, éramos mi esposa y yo. No sé si saben que a día de hoy estamos divorciados. Divorciados a mi pesar. Un par de años antes del divorcio, a medida que nuestra relación se iba degradando, resonaba potentemente en mi cabeza: "SI DEUS PRO NOBIS, QUIS CONTRA NOS? NOS". Nosotros. Nosotros estábamos jugando en contra de nuestro propio matrimonio. Si van a internet y buscan las conferencias que sobre el divorcio tiene Pablo Martínez, y sobre el matrimonio, verán cómo hace referencia a la importancia del "nosotros": no somos "tú" y "yo", somos "nosotros".
     Igual en la iglesia, en las comunidades cristianas: no somos "tú", "tú", "tú" y "yo", somos "nosotros", un cuerpo con distintos miembros. ¿Qué sucede si nos atacamos unos a otros, si nos comemos unos a otros?
     Y en lo personal, igual: "Si Dios está por ti, ¿quién contra ti? No vayas a ser tú mismo: con tu pecado, con tu egoísmo con tu carácter descontrolado, con tu falta de disposición a obedecer. Cuidado, porque Dios está por nosotros en cuanto a la justificación, pero eso no significa que esté a favor de nuestras decisiones, gustos, opiniones, apetencias o línea doctrinal. Si lo vemos desde este punto de vista, ese "Si Dios es por nosotros" sí es una verdadera condición y habría que ver si verdaderamente Dios está a nuestro favor para según qué temas. Ahí somos nosotros quienes debemos buscar su voluntad y someternos a ella.

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Texto: José Alfonso Bolaños Luque
Imágenes: photopin.com